LOS GUIONES (III)

Llegaron al gimnasio ya de noche. Ahí estaba el Muñe, un gorila que medía 1.50, prieto, cacarizo y de tanto músculo hasta el rostro estaba como mamado. El Muñe era el instructor del gimnasio “The Fitness Club (bien originales) quien fungía también como DJ, como ligador empedernido y como diler de tanta cosa posible para alterar cualquier fisonomía. Lo saludó a él con un fuerte apretón de manos, como si fueran grandes conocidos y Samantha le dijo que ya iba a ser hora de cerrar y que ya comenzara a bajarle un poquito a su música para que los futuros monumentos visuales comenzaran a olérselas de que ya era hora. Y hablando de olores, claro que el gimnasio no cubría en nada los hálitos corporales. Olía a ese sudor rancio, a grasa en fermentación y claro, a licuados de proteína y a huevo con arroz. El Fitness Club se convirtió en el gran negocio de Samantha, llevaba algún tiempo administrándolo y le dejaba lo suficiente como para no volver a las ondas del encueramiento. Logró abrirlo con todo el sudor de su cuerpo y tenía como clientes preferentes a encueratrices y amigas del pasado que tonificaban los deseos de hombres y mujeres… pero claro, eso no las apartaba de alterar el ambiente con olores. También llegaban stripers y personajes de la policía y de la alta alcurnia del negocio ambulante. Al Muñe se le ocurrió la trastada, al ver que él medio se tapaba la nariz, de decir que era más fuerte el olor por las tardes porque sacaban sus comidas los clientes para degustarlas en descansos de pesas, de cardio o de rutinas de pierna.

Así hubo él conocido al Muñe y el negocio, se metieron a un pequeño cuartito y Samantha se conectó por internet y ahí estaba el color verde en la cuenta de Rudolph y comenzó a hacerse la videollamada. Contestó rápido, Rudolph parecía otro, estaba un tanto más avejentado y qué onda mi Sami y ella pues mira, corazón, aquí traigo ya a nuestro escritor y Rudolph preguntando que si ahora sí le iba a entrar con todo y él contestando que claro, que no iba a dejar una oportunidad como esta y que estaba muy agradecido y Rudolph en un español ya muy local diciéndole que no mames, agradecido de qué y Samantha como que interviniendo y riendo dijo algo así como que ya sabes, corazón, es primerizo y Rudolph riendo y diciéndole que it´s a joke, retarded, y él fingiendo una sonrisa y pues venga, hablemos de negocios.

Hablaron de todo lo que anteriormente se contó, platicaron sobre pornotizar los chismes de la farándula y Rudolph asignó ya en su agenda unos días de casting y claro, el día de entrega de guión. Rudolph le preguntó a él si tenía acceso a documentos oficiales sobre los chismes y él preguntó que cómo que documentos oficiales y Rudolph preguntando si tenía fotos o por lo menos unos chats que comprobaran los chismes y él pensó en la computadora de Victoria y también en las fotografías de las fiestas que le enviaban algunos proscritos de la farándula y dijo que iba a ver pero por qué y Rudolph dijo que la idea era vender la película porno como si fuera una verdad, que por eso el casting iba a ser sumamente importante porque se iban a contratar actores I-gua-li-tos y que era algo así como un video infiltrado que las televisoras y las revistas están siempre muy dispuestas a pagar y que el plan era que el video iba a ir acompañado de la fotografía o del documento que comprobara dicho chisme y boom, retarded! y él comenzó a pensar que toda esa empresa iba demasiado en serio.

Preguntó al aire que cuál era el sentido de hacer todo eso y Samantha le dijo a Rudolph que aguardara un momento, silenció el micrófono y le dijo que, mira, querido, si quieres una razón en específico y puntual pues es por dinero, ¿quieres otras razones? y él preguntó que si era necesario joder la dignidad de las personas y Samantha dijo que no, querido, digamos que es un asunto de revelar verdades, como si fuera un bien al mundo y desenmascarar cositas turbias del espectáculo. Él dijo que estaba bien y después de activar el micrófono, reanudaron la plática con Rudolph.

Quedaron todas las indicaciones claras y le pidieron a él que escribiera un guión antes del casting para comenzar a contratar, ver locaciones y todo lo que implica un rodaje porno. Él preguntó si Rudolph vendría al país con todo su séquito de trabajadores y Sam le dijo que no, lindo, Rudolph ya vive acá desde hace unos años y eso hace las cosas más fáciles.

Fue así como a las diez de la noche, después de un día de cambios convulsivos hacia el éxito y abandonando un pasado vomitivo, él se subió al uber patrocinado por Samantha y viajó hacia su casa, la que está más alejada del universo. Vio en su celular que había perdido unas quince llamadas, tenía cuarenta mensajes escritos y unos diez mensajes de audio. Era Victoria y estaba desesperada y ahora, por nada del mundo, podía separarse de ella ya que le serviría de informante y de chismógrafo consagrado y anónimo.

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