LOS GUIONES (V)

En la mañana, Victoria le invitó a desayunar en uno de esos restaurantes a los que recurren visitar intelectuales y periodistas. Olía a pretensión y a becados de la literatura que criticaban constantemente las actividades políticas, despreciaban todo aquello relacionado a la política pero que no creían en el empleo ni en aquello de rebajarse a dar clases en un aula. Su público eran ellos mismos y hasta los críticos se jactaban de ser sus grandes amigos. Todo aquello que oliera a extranjero, es decir, a escritorcito nuevo o desconocido o que simplemente no fuera un miembro de sus miembros (hasta sexuales) entonces era un apestado, un “no vale la pena ni leerlo” o un ” ¿de verdad escribe?.

Y sin embargo, era él el más observado porque por más cultura, por más premios literarios y periodísticos y becas a morir, ninguno y ninguna podía resistirse a tener pensamientos salvajes y estrafalarios ante la belleza de Victoria. La saludaban. Aquellos que tenían cierto gusto (cierto porque los intelectuales no gustan de los deportes) por el futbol, le pedían pronósticos sobre los partidos de futbol venideros, le preguntaban si era cierto que ya se iba a cambiar a la televisión, que si consideraba tarjeta roja lo que en realidad había sido un penal fingido. Victoria era tajante y respondía con poca información hasta que las grandes eminencias literarias y periodísticas, hasta que las grandes voces de la comunicación sentían que su ego descendía a donde no era digno recordar.

¿Y entonces qué vas a hacer ahora que no tienes trabajo? y él respondía que algo estaba por salir pero que no quería darle más detalles y ella preguntó si tenía que ver con la entrevista del día anterior y él que sí pero que de verdad no quería hablar más del tema. ¿Por qué pasó por su cabeza renunciar si ya tenía una vida rentable? Es decir, tenía trabajo, un sueldo mediocre pero era un sueldo, tenía un matrimonio próximo y sobre todo, tenía a una mujer que era deseo de miles y que realmente le amaba. Cómo decirle que se iba a dedicar a la pornoescritura. Cómo decirle que había intervenido la laptop y que mucha información “confidencial” la había hurtado y estaba a punto de ser usada. Cómo iba a decirle que de repente ya no quiso casarse con ella. Cómo contarle lo de Samantha y el tal Rudolph. ¿Cómo?

Fue en medio de esa turbia ola de preguntas que entró al restaurante Rito Omar aplaudido por el séquito de bárbaros de la comunicación y la literatura. ¡Maestro! le gritaban y todos le querían invitar el desayuno, pidieron tragos para desde temprano brindar y hubo quien se aventuró a decir que era un privilegio respirar el mismo oxígeno con el próximo premio nobel.

No mames, dijo Victoria al aire. Estos masturbándose el cerebro, creyéndose superiores al mundo pero siempre deseando ser futbolistas o músicos famosos. Empezando por el propio Rito. ¿Apoco Rito quiso ser futbolista? y Victoria le dijo que sí pero, como todo frustrado mediocampista, dejó de jugar futbol porque se chingó la rodilla pero la realidad es otra. ¿Qué le pasó? Por ahí el Buho Téllez, ¿el técnico?, sí, él mismo, me contó en una ocasión que Rito ya estaba perfilado para el primer equipo pero que el técnico de ese entonces, no te voy a decir quién, le dijo que podía debutarlo siempre y cuando le prestara a la hermana. ¿Cómo? Sí, pues que para debutar tenía que engancharlo con la hermana de Rito y si todo salía bien, Rito debutaría. ¿Y qué pasó después? Pues hasta los padres vieron a bien que el técnico se diera una oportunidad con la hijita y todo estaba por salir bien hasta que la nena, en la calentura, le dio una patada en los huevos que creo que fueron a parar al ángulo derecho de la puerta y le dijo que no podía ella ser la que se tenía que sacrificar por el futuro pambolero del hermano. Y así, las cosas se vinieron para abajo. No únicamente descendieron a segundo equipo a Rito sino que también mandaron a compañeros suyos a ocupar la fuerza en los entrenamientos y terminaron destrozándolo. No únicamente le chingaron la rodilla, también le chingaron la familia. La hermana vive ahora en los States y ya ni tiene el apellido Omar.

A él le comenzó a crecerle la sonrisa. Tenía la historia perfecta para un primer guión y de ahí, chingarse al vitoreado ganador literario. ¿Por qué querría yo joderme a Rito? y pensó en las pocas contribuciones que mandaba al periódico y que discutía con él. Él decía que cierta frase estaba mal escrita y Rito como energúmeno no paraba de decirle que era un imbécil, que cómo se atrevía un becario en evolución (es decir, un empleado) a corregirle a un autor ya publicado y él se limitaba a recibir los regaños de Jesús Saldivar y el clásico pinche chamaco nalgas meadas, tú pásalo así y ya. Y cuando la contribución salía mal lo regañaban a él hasta el cansancio ¿qué no te fijas, cabrón, sólo tienes un trabajo, el de revisar los escritos y te vale tres kilos de verga adolescente? y él regresaba a su escritorio queriendo romper madres. Fue ahí donde repensó su futuro y vio a Victoria enfrente de él contándole el desenlace futbolero de Rito Omar y se supo feliz y decidido nuevamente.

Este va a ser mi primer guión, pensó y sonriendo y le tomó la mano a Victoria con ternura. Vamos a salir de esta, le dijo, y sé que no me has pedido mi opinión pero creo que deberías dejar el periódico y aceptar lo que te ofrecen en televisión. Ya conoces a todo mundo y las cámaras te van bien. Me encantaría verte en la pantalla al lado de los mejores analistas deportivos y de los mejores atletas. Victoria lo vio un poco extrañada pero algo de confianza creció en ella. Tomó el teléfono y habló rápidamente a la televisora. Dijo que sí, que en la tarde quería ella hablar todo lo relacionado a su contrato y al colgar lo besó a él como si no hubiera mañana. Todos callaron al ver el beso que todos ellos y ellas habían deseado alguna vez pero que por más mérito intelectual no podían tener. Y a él le empezó a ganar la ansiedad por sentarse frente a la computadora y escribir el primer guión, el de la hermana de Rito, nomás para no olvidarla.

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