LOS GUIONES (VI)

Acompañó a Victoria al canal de televisión para que ella revisara su contrato y los pros y los contras circunscritos en letras chiquitas. Mientras tanto, él pidió un té chai en un café cercano y se sintió un tanto imbécil por no cargar ni un libro ni su computadora. Odiaba pasar horas pegado a la pantalla del celular y lo único que decidió hacer fue ver a las personas desde la ventana. Vio a los intentos de noruegos que transitaban la calle o los que se metían al café con libros de Bukowski bajo el brazo. Vio a los que usaban lentes y que parecían botargas de mosca de los años ochenta. Vio también en el café a dos futbolistas que la hacían de comentaristas deportivos y vio mujeres sumamente delgadas que andaban como despeinadas, con los lentes de mosca y con audífonos al estilo piloto de avión.  Ese lugar en el que estaba sentado bebiendo té chai le parecía el lugar más estúpido del planeta y por lo tanto, él también lo era. La pretensión se desbordaba y no había absolutamente nada genuino. Ese mundillo era habitado por seres predecibles que actuaban todos igual, como fieles consumidores de la cafeína, de la alta cultura y la alta costura, o por lo menos eso suponían. Los intentos de noruego cruzaban las piernas diminutas y acariciaban sus barbas como si fueran trofeos de virilidad y de intelecto. Los mosca, tanto hombres como mujeres, leían apenas dos páginas de su supuesto libro y tomaban fotos con sus celulares sobre frases que les parecían interesantes para subirlas a su red social y consagrarse como grandes lectores. Los mosca con audífonos subían las piernas a las sillas y a veces se sentaban en estilo mariposa para mostrar su juventud cuando ya rebasaban los treinta años de edad. Al fondo se escuchaba un grupo de quién sabe dónde tocando quién sabe qué genero con quién sabe qué instrumentos y algunos se sentían conocedores de aquella banda con el sentido único de destacar al hacer ni siquiera una melodía plausible.

En ese mundo él estaba como observador, como espectador y también como actor, ¿cómo podía ser ahora? y se vio cayendo nuevamente en el abismo del fracaso. Hace años, cuando estudió la licenciatura en comunicación y publicidad, vio, desde su primer semestre, que algo no cuadraba con su manera de pensar. Conoció gente de mierda deseosa de trabajos de mierda para consagrar egos de mierda. ¿Cómo a él que se jactaba siempre de ser un tanto más inteligente o que por lo menos quería serlo se le ocurrió la brillante idea de estudiar una carrera como esa? ¿Qué de especial tenía hacer un programa de televisión, de radio, promocionar productos, de hacer comerciales? Recordó que dejó de entrar a clase para leer libros y poco a poco fue alejándose de aquellos seres que anhelaban a como diera lugar ser famosos, reconocidos, amados y adorados aunque fueran unos idiotas. Ídolos desechables y perpetuados en el olvido. ¡Por qué había sido él tan idiota! Y pensó que cuatro años de su vida estudió la vanidad y la superficialidad, cosas tan realmente inservibles que deberían prohibir en un mundo que apesta a cloaca. Sintió que al mundo le había dado la espalda y que merecía esos años de insatisfacción y frustración, el karma también se encarga de encuadrar intelectos y él no había sido la excepción.

Comenzó a entrarle el sentimiento de enojo, de rabia, por haber sido tan estúpido. Su vida pudo ser otra, pensaba, y había hecho todo lo posible para lesionarla y fungir como víctima arrebatada. Maldita la hora en que decidió su futuro porque eso le habían dicho, que tenía que decidir bien su futuro y firmó por buscar un trabajo que le dedicara a lustrarle los zapatos a Ricky Martin si bien le iba o terminar de standopero con kilos de más y lentes oscuros.

El ser corrector de estilo lo había salvado y también la figura de Victoria, Victoria madre que de alguna manera le dio camino a algo lo más parecido a la normalidad pero tampoco él quería eso. ¿Qué quería él realmente? Y le llegó el pensamiento genuino, lo único genuino que podía aparecer en ese momento y era que iba a usar todas sus energías para arruinarles la carrera y la dignidad a quienes le parecían seres de mierda, como Rito Omar y como aquél colaborador deportivo que no dejaba de molestar a Victoria. Le mandó un mensaje de texto a Victoria de que no podía esperarla, que tenía que ir a hacer unas cosas de trabajo y al pagar, salió del café temblando. No deseaba voltear a ver su pasado, ese pasado ridículo lleno de nada. Ese pasado insulso, vacío, desesperanzador. No puedo hacerme cargo de mi vida, pensaba, pero sí puedo hacerme cargo del fracaso de sus vidas.

 

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