EXTRA-ACTO

(Cuento de mi autoría publicado en el libro: “Antología de Narrativa Posmoderna”, Comp. Pool Dunkelblau, “EXTRA-ACTO ” de José Rolando Ochoa Cáceres, Tiempo-que-resta-ediciones, Noviembre 2018, Puebla, México)

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Salió de la licenciatura en Artes escénicas y su primer empleo, después de año y medio en desempleo fue participar en un infomercial.

Llegó al casting y encontró que donde lo citaron habían cerca de sesenta personas. Encontró ahí a un par de conocidos de la licenciatura y se sintió el ser más miserable del mundo. Lo pasaron frente a la cámara y le pidieron que actuara como atleta sobre la caminadora de multivelocidades que iban a vender. Le pidieron hacer ejercicio con playera, luego sin playera y después le pidieron que usara el short amarillo. Duró su casting cerca de diez minutos y después pasó con la que parecía ser la asistente de producción del infomercial y  le hizo unas cuantas preguntas relacionadas a su currículum. Le dijeron que en caso de que terminara siendo seleccionado se le iba a pagar una suma nada razonable pero que lo importante es que iba a tener un descuento del sesenta por ciento para pagarse una caminadora multivelocidades.

Se despidió con sólo un gesto de sus compañeros de la licenciatura y al salir se comunicó con Alejandra quien deseaba saber si le habían dado “el papel” o no. Él le dijo que se lo iban a decir a más tardar al otro día y que ya estaba encima de la bicicleta para irla a ver. Alejandra sólo le dijo que se fuera con cuidado.

Al llegar al departamento de Alejandra, después de subir con la bicicleta unos cinco pisos, se tiró en el sillón al lado del perro que habían rescatado de la calle. Se preguntaba si le irían a dar el papel, si valía la pena actuar para un infomercial, si valía la pena en realidad empezar su carrera artística en un infomercial y Alejandra, como si fuera música ambiental, le platicaba sobre el avance que llevaba el consultorio de estomatología y que estaba entusiasmada. Él no le hizo caso suficiente y le pidió que mejor vieran una película en la computadora.

Seleccionaron una al azar y en distintos intervalos de tiempo él revisaba su celular y sus redes sociales siendo observador de la vida de sus otros compañeros de la licenciatura. Aparte de aquellos que habían asistido al casting del infomercial, estaban aquellos que Dios los tocó con la buena suerte. Estaban aquellos que andaban por Londres, otros en París y unos contados en Canadá y Argentina. ¿Qué le había hecho falta a él para conseguir su sueño añorado de ser actor? Recordó a su padre diciéndole que era una tontería estudiar actuación, que mejor se dedicara a estomatología, como Alejandra y como él, que dejara de soñar, que dejara de depositar sus esperanzas en una vida ideal y parasitaria.

Se quedó dormido y soñó con la caminadora multivelocidades. Soñó que andaba en ella como si fuera un nuevo sistema de transporte en la ciudad. Se vio con la caminadora cruzando puentes, se vio yendo por café y té, se vio con Alejandra caminando sobre el aparato hacia restaurantes de media fama, también se vio yendo al teatro, yendo a las librerías e incluso, en una parte del sueño, sintió que volaba con la caminadora.

Despertó cuando ya pasaban los créditos en la pantalla y notó que también Alejandra se había quedado dormida. El perro, echado, lo observaba como incitándole a volver a cerrar los ojos y cinco minutos después recibió la llamada: había obtenido el papel requerido para el infomercial. La grabación se iba a realizar una semana después en la misma locación y le pidieron unos tres cambios de ropa deportiva.

Alejandra, somnolienta, le preguntó si todo estaba bien y el contestó que le habían dado el papel y ella respondió, como si estuviera por regresar al sueño, que le daba gusto.

El resto de esa semana él ayudó a Alejandra con el consultorio. Pintó las paredes, colocó los cuadros que el papá de ella le había regalado, puso el soporte para la televisión en la sala de espera, colocaron los sillones en lugares apropiados y probaron la unidad dental. También durante ese tiempo, cada noche, tuvo el mismo sueño pero se agregaban personas que estimaba o que odiaba. Vio a su padre andar con él por la ciudad encima de la caminadora y también sintió cuando atropelló a un par de compañeros de colegio que tenía en baja estima.  Se vio también detenido por un oficial de tránsito por pasarse un alto y siempre, al final, volaba con la caminadora.

Después del mes de grabación y tras los constantes sueños que se repetían, le pidió a la asistente de producción que quería el descuento por la caminadora y que con el sueldo se pagara el resto. La asistente sonrió e inmediatamente se puso en contacto con una tal Consuelo e hicieron el arreglo quedando tablas.

Aquella tarde llegó entusiasmado al departamento y Alejandra, al verlo llegar en una camioneta con el logotipo de la compañía pensó que probablemente sí estaba comenzando la carrera artística de él. Su sorpresa fue al ver que otros bajaron con él y que lo ayudaron a bajar la caminadora. Alejandra bajó rápido desde el quinto piso y al salir del edificio le preguntó que qué estaba pasando y él respondió que con su paga pudo hacerse de la caminadora multivelocidades. Alejandra se quedó callada y subió con los demás sin ayudarlos. Colocaron la caminadora en el cuarto que antes ocupaba una inquilina amiga de Alejandra y al salir los ayudantes Alejandra le dio una cachetada a él y le dijo que esperaba que en una semana le diera la mitad de la renta que le correspondía.

Él no únicamente se mostró molesto, salió del edificio y fue a la tienda para pedir un par de cigarros sueltos fiados. Fumó pensando en su futuro y se dijo que no le iba a dar ningún centavo a Alejandra, que él siempre la había apoyado con lo del consultorio y sintió el ardor en la mejilla.

Subió al departamento después de media hora y Alejandra, en la sala, le dijo que era momento de decidir el rumbo de la relación. Él le dijo que no se preocupara tanto y que al otro día viviría en otro lugar. Ella únicamente le dio la maleta con la que había llegado un par de meses antes y él colocó ahí la poca ropa y su único par de zapatos. Esa noche soñó que chocaba con la caminadora y que perdía la vida instantáneamente.

En la mañana, Alejandra le dijo que se iba a ir con sus papás un par de días, que se iba a llevar al perro y que esos días él podía quedarse en el departamento alistando todo para su partida. Le pidió de favor que después de esos dos días no apareciera más en el departamento y que las llaves se las dejara a la vecina de enfrente.

Ya Alejandra lejos, él probó la caminadora y sus multivelocidades, probó la opción de montaña y la opción de pendiente y se sintió el ser mas feliz del universo. Le habló : a Roberto y le dijo que lo esperaría en el departamento, que

Alejandra no iba a llegar y que, por lo tanto, le daba permiso de llevar marihuana y las cervezas necesarias. A las dos horas, él y Roberto fumaban marihuana andando a intervalos en la caminadora y así estuvieron cerca de seis horas. Roberto pidió una pizza para comer y ya a las siete de la noche, después de haber repasado toda la discografía de Pink Floyd, decidieron sacar la

caminadora para probarla en la ciudad. Afuera del edificio gritaban que era un nuevo medio de transporte, que los llevaría a todos a donde desearan y que incluso estaba pensada por la NASA para andar en marte. Quienes lo conocían creían que se trataba de una especie de ensayo teatral y quienes no anotaron el nombre de la caminadora multivelocidades y tres vagabundos anduvieron con ellos cargando la caminadora de manera que, mientras cuatro cargaban el aparato, uno de ellos andaba encima de éste fingiendo caminar. Cada uno de los vagabundos contó con el privilegio de andar la caminadora, después Roberto y al final él.

Llegando al muelle, él les dijo que si Jesús pudo caminar sobre el agua nada podía detenerles el andar sobre el agua con la caminadora y así, debajo del cielo estrellado y la humedad salina en la piel, aventaron los vagabundos y Roberto la caminadora con él encima y vieron que durante un par de segundos sucedía el milagro y después sólo observaron el hundimiento de aquella máquina mágica y el ahogo de él. Roberto y los vagabundos se abrazaron y compartieron un cigarro de marihuana y creyeron ver la caminadora salir del agua y perderse en el océano del espacio.

Alejandra, después de aquellos dos días, llegó al departamento y abrió inmediatamente las ventanas porque aquello apestaba a desesperanza y notó que ni él ni la caminadora se encontraban en el departamento. Limpió con cierto hartazgo y le hizo veinte llamadas al celular de él obteniendo únicamente la respuesta del buzón de voz. A la semana visitó a Roberto y al verlo sumamente drogado prefirió hablar con la tía con la que siempre él había vivido y ella le dijo que no tenía ni la menor idea, que probablemente se había ido a Europa para alcanzar su sueño.

Pasaron meses sin comunicación alguna y Alejandra no sabía si sentir alivio o vergüenza. En una ocasión, al momento de recibir a un paciente en su consultorio vio en la televisión el infomercial en el que aparecía él caminando en aquella máquina que había creado la ruptura de aquella relación. Lo vio sonriendo, lo vio sudando y creyó que en realidad esa máquina podía hacer que cualquiera bajara de peso sintiendo alegría extrema. Lo vio sonriendo, lo vio feliz, vio aquella sonrisa que no le había entregado desde que habían empezado su relación, hace cuatro años. Atendió al paciente con un nudo en la garganta, le hizo la profilaxis adecuada y cerró temprano aquella tarde. En el auto escuchó en las noticias de radio que un niño, tras el lanzamiento de moneda de uno de los turistas, se sumergió demasiado y alcanzó a ver algo parecido a una nave espacial debajo del mar. Los medios acudieron y después de hacer el buceo de inspección, usaron una grúa para sacar aquello que parecía una nave espacial. La sorpresa fue que en realidad no era nada extraterrestre, era una caminadora común y corriente recién promocionada en un infomercial en el que un chico, eso sí, con gran talento, narraba las características, especificaciones, bondades y virtudes de aquella máquina. Bromeaban que era tan buena que incluso llegó a probarse en el mar y los ingenieros emprendedores de la caminadora dijeron, en entrevista exclusiva, que se estaban diseñando prototipos para crear la caminadora navegante. De él no se supo nada y durante meses Alejandra tuvo que rechazar las ofertas que la productora del infomercial le ofrecían a él para la promoción de otros productos.

Mientras su cuerpo explotaba en las profundidades del mar, Alejandra lo añoraba en su inmortalidad e incluso realizó un viaje a Londres para ver si de casualidad se lo topaba en algún teatro inglés. Los vagabundos iban cada semana en la noche para esperar el regreso de la nave espacial.

 

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