SODAPOP

(Cuento de mi autoría publicado en el libro: “Antología de Narrativa Posmoderna”, Comp. Pool Dunkelblau, “Sodapop ” de José Rolando Ochoa Cáceres, Tiempo-que-resta-ediciones, Noviembre 2018, Puebla, México)

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Jean Carlo recordaba, mientras bebía directo de la botella el último resto de ron, aquél tiempo en que era alguien o por lo menos, pensaba que era alguien.

Desde aquella primera aparición en una telenovela de bajo presupuesto en el que su papel era de un niño sin relevancia pero que tenía que existir para moralizar a uno de los personajes secundarios, Jean Carlo sostenía su vida en apariciones en televisión. Después de aquella novela pasaron un par de años en los que Jean Carlo vivió la transición de la niñez a la pubertad y así ingresó a uno de los grupos juveniles más importantes en la escena boyband nacional.

Él era el más chico de cinco y poco a poco no solamente fue reluciendo sus pasos y su peinado de hongo en la fila principal de la banda, también comenzó a participar más con su voz en algunas canciones hasta que se convirtió en el cantante principal de la famosa banda “SodaPop”. Grabaron alrededor de cuatro discos de los cuales en dos fue el cantante principal y también fue el más asediado por chicas de doce a veintiún años, también por una que otra señora que compartía el gusto musical con alguna de sus hijas y uno que otro chico que suspiraba con aquellos posters que se integraban en revistas juveniles donde la sección de tests era de las más buscadas.

Durante esos cuatro discos los SodaPop hicieron múltiples giras a nivel nacional e internacional. El último disco lo grabaron en el extranjero y está más que decir que no únicamente llenaron estadios con sus presentaciones, ganaron premios relevantes en la escena musical, fueron conmemorados por el presidente en función y su fama se aprovechó también para participaciones en telenovelas, películas y en alguna que otra serie por internet. Durante diez años de carrera los SodaPop grabaron cuatro discos, tuvieron cerca de ocho grandes éxitos de los que se desprenden sus ocho videos musicales,  grabaron la canción conmemorativa del mundial de futbol de aquél tiempo y tuvieron una película en la que peleaban contra monstruos pop de los años ochenta.

Sin embargo, tras ciertas riñas con el que antes era el cantante principal, Diego Quiroz, riñas que se basaban sobretodo en el protagonismo, en las encuestas que reflejaban un gusto mayor por Jean Carlo a nivel físico y por ende, un mayor ingreso en el cantante principal, los SodaPop se separaron.  Una tarde, antes de culminar la gira “Sueños inconclusos” de donde se desprenden los dos mejores éxitos de la banda “Tú” y “En mis tenis escribí tu nombre”, los cuatro integrantes le presentaron a Jean Carlo un contrato en el que tenía que ceder los derechos del nombre de la banda. Algo muy parecido a los Guns n´ Roses pero esto a nivel pop. Jean Carlo, ya con el hartazgo de la envidia, firmó los derechos y no apareció en el cierre de gira, situación que generó el enfado de pubertas y adolescentes quienes, tras su arrebato, quemaron prendas de vestir, posters, fotos, los bajaron del escenario con restos de refresco de naranja y uno que otro vituperio.

Fue ahí donde la fama comenzó a darle la espalda a Jean Carlo. Tras el complot de los integrantes, no únicamente lo relegaron de la música totalmente, le dieron el papel principal en una telenovela que resultó ser un gran fiasco y tras verse a sus veinticinco años en la debacle total, participó en comerciales de calcetines, después anunció paquetes de televisión por cable y el mejor empleo que pudo obtener fue como locutor de radio en un programa de psicomagia. También en aquel tiempo se casó con la nombrada actriz maravilla, Beatriz Melania pero tras ver que en discurso de fama ya existía una distancia muy significativa entre ella y él y tras la infidelidad por parte de ella, se separaron tras un gran pleito difundido por una revista de chismes.

Jean Carlo a sus veintisiete años regresó a su nombre original, Juan Carlos Navarrete, tenía sobrepeso de quince kilos y vivía en un complejo habitacional donde destacaban tendederos en los que se visualizaban los grandes calzones de los vecinos incómodos.

Así que Jean Carlo o Juan Carlos terminaba aquella botella de ron frente al televisor al ver que Diego Quiroz, ex SodaPop, el que antes había sido el cantante principal, aquél que le tenía una envidia embramada y fue pieza maestra en el complot, recibía un gran premio tras la grabación de su segundo disco de solista titulado “Siempre levántate”.

Apagó el televisor y puso el estéreo en alto volumen mientras se bañaba y así, mientras escuchaba a un autor brasileño hablando sobre la importancia de creer en uno mismo y de saber que el universo siempre está a nuestro favor, se repetía una y mil veces que él no era un perdedor, que la vida le debía algo, que pronto viviría algo mejor.

Mientras se bañaba, rememoraba aquellos ayeres con Beatriz Melania. Recordó cuando se conocieron, en un foro de televisión e intercambiaron un par de palabras sobre la novela que lo convertiría en uno de los peores actores de la nación. Después de ese intercambio de pláticas, hablaban por el celular, se mandaban mensajes, se perseguían por las redes sociales hasta que los representantes de ambos sugirieron organizarles una cena en uno de los restaurantes más asediados y de mayor lujo. Ambos accedieron y después de comer comida italiana y degustar un par de vinos, ambos salieron tomados de la mano siendo fotografiados por paparazzis.

Beatriz Melania ya había pasado antes por los grandes escenarios. Su carrera la consolidó en el teatro y a veces participaba en televisión. Tuvo dos premios relevantes a su corta edad en la escena cinematográfica y vivió durante un tiempo en Inglaterra y en Australia. Su belleza no excedía su talento, todo en ella era equilibrio y tanto su sonrisa como su delgado cuerpo participaba en deseos de no únicamente de fans, también de productores y empresarios.

El hecho de que saliera con Juan Carlos le provocó demasiadas críticas, sobretodo porque el ex SodaPop, según los críticos y especialistas en el chisme farandulero, estaba ya encaminado al fracaso perpetuo.

A los tres meses decidieron casarse y, ante la gran expectativa, los medios cubrieron aquella unión a la que faltaba poco para despedazarse. A la boda acudieron seres distinguidos de la farándula pero ningún ex SodaPop fue invitado.

Muchos pensaban que con aquél lazo de amor, la carrera de Juan Carlos iba a tener una segunda oportunidad de éxito pero sucedió todo lo contrario.

En una gira por los Estados Unidos, se le encontró a Beatriz Melania saliendo y dándole sendos besos al futbolista argentino, Matías Manrique Colombo y tras la divulgación en la revista, Juan Carlos le reclamó a la actriz maravilla y a ella le bastó una semana para llevar un juicio de divorcio y para salir con cierta victoria. Beatriz Melania abandonó por ese año su carrera como actriz y mientras Juan Carlos hablaba por micrófono y platicaba sobre la abundancia de creer que el universo conspira a nuestro favor, Beatriz se veía envuelta en escándalos de orgías con otros futbolistas, situación que ni en lo más mínimo le incomodaba.

Al salir del baño y al contemplar su departamento vistiendo el colapso y lo podrido del olvido y del fracaso, apagó el estéreo, se vistió rápidamente y de la alacena sacó una botella de licor de café que significaba la desesperación por su alcoholismo.

La idea del suicidio le había cruzado muchísimas veces en la cabeza pero en esa ocasión se le ocurrió una forma mejor de cobrarse aquello que la vida le había quitado. Si la vida no le iba a pagar entonces él iría a cobrarse aquello que se le arrebató.

Mientras manejaba recordó su lucha contra el alcoholismo después del divorcio.  Tras la separación de bienes,  obtuvo una cantidad módica de dinero que le sirvió para comprarse un departamento en la unidad habitacional y también, para autodestruirse. Su vida era manejar hacia la tienda de vinos y licores, gastar lo que le sobraba de fama y de divorcio y recluirse en el departamento con tanto alcohol fuera posible. Tuvo episodios de delirium tremens y en uno de esos sintió que se le subían infinitas arañas al cuerpo para posarse en su boca y para ahogarle la voz que lo había llevado a la cima del éxito y por supuesto, para ahogarle la vida.

Despertaba en un mar de líquidos regados, de vomito y de residuos de comida instantánea y a veces sonaba el teléfono para recordarle que debía hacer algunos pagos y así, como podía, le hablaba a su ex representante, le pedía que le ayudara con los pagos y que pasara al departamento para devolverle el préstamo. En realidad Juan Carlos no deseaba salir más que para abastecerse de víveres etílicos, de caos y de abismo.

En una ocasión la vecina, tras no soportar el hedor que se generaba en el pasillo, tocó a su puerta y fue recibida con peñascos de suciedad. Le ayudó con la limpieza y le dijo que ella podía ayudarle con su problema pero que tenía que acceder.

Después de un tiempo de ser visitado por la vecina y después de que ella le dijo que su única esperanza estaba en la psicomagia,  Juan Carlos sin tener nada que perder, decidió entregarle el resto de su ahogo a una secta muy bien dirigida y meses después obtuvo un empleo en una red de radioemisoras sectarias. Participaba en convenciones y a veces escribía para las publicaciones mensuales del grupo metafísico “El yo soy”.

Pudo calmar su ansiedad alcohólica hasta hace una semana cuando supo que Diego Quiroz recibiría un premio por un disco de solista y él se vio, en el reflejo de la nada, como un fracasado miserable. Esa noche, renunció al programa, renunció a la secta y volvió a la tienda de vinos y licores donde se le recibió efusivamente.

Así que después de salir del departamento, condujo hasta el restaurante donde solía cenar con los SodaPop después de las grabaciones o para festejar algún logro. Llevaba años que no entraba a aquél lugar y decidió esperar afuera con la botella a medias.

Durmió en el auto por un par de horas y al escuchar barullo se dio un par de cachetadas y vio que efectivamente, Diego Quiroz, entraba al restaurante acompañado entre familiares, amigos, representantes y mujeres de belleza infatigable. Juan Carlos sabía que iba a festejar ahí gracias a su ex representante que le informó que ahí se iba a llevar a cabo la celebración en caso de que ganara y le pidió que fuera sincero, que abrazara a Diego Quiroz y que quizá este, por deuda moral, podía ayudarle para mejorarle la carrera. Esperó a que todos entraran y minutos después, le dio un sorbo largo al licor de café y salió del auto con la botella en la mano.

La hostess le impidió la entrada pero Juan Carlos no le hizo mucho caso y tras algunos choques con personal de staff, con fans, con ex amigos y con los familiares de Quiroz, llegó hasta él con los ojos hinchados.

Diego, al verlo en ese estado se sorprendió y al acercarse a saludarlo Juan Carlos le rompió la botella de licor de café en la cara. Observó toda la sangre en el suelo y el rostro despedazado de aquél que había sido cómplice de arrebatarle su futuro.

Sin pensarlo, con el resto de botella que le quedaba en la mano, saltó sobre él y le abrió la garganta queriendo ver la compulsión y el ahogo inminente. La gente, gritando, salía del restaurante y otros tomaron por los brazos a Juan Carlos con la finalidad de que no escapara. El representante de Quiroz le gritaba y le dio dos golpes en el estómago cuestionándole el por qué lo había hecho. Todo el personal se comunicó con la policía pidiendo a gritos su pronta llegada para que el asesino no escapara.

Juan Carlos veía aquél rostro que palidecía y él no dejaba de sonreír, la psicomagia le había dado el poder de ser arquitecto de su propio destino y en vez de esperar decidió actuar contra quien lo había destinado, por brotes de envidia, al fracaso. Vio que la sangre también tenía una transformación. De repente eran arañas negras las que se acomodaban en la boca de Quiroz, aquellas que se amontonaban en la garganta y que recorrían otras el cuerpo ya disminuido. Sonrió con los ojos hinchados y comenzó a reír mostrando sus dientes amarillos y casi acabados por el tabaquismo y en esa risa se acumulaban recuerdos de éxito, de fracaso, de Beatriz Melania y de agonía diaria. Por segunda y última ocasión, alcanzó la fama y la inmortalidad de la memoria. Consiguió lo que le habían arrebatado: el futuro prometido y también perdido.

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