Mane

Mane, eras tú en los libros de Onetti, eras tú corriendo como desesperada en los museos porque decías que te parecían odiosos, aburridos, les llamabas los somníferos cuando te cansabas frente a una escultura, a una pintura o a un pedazo de basura con una placa de arte. Recuerdo que decías ¡esto es tan sufrible, Ernesto, siempre lo intento! y terminábamos afuera fumando unos cinco cigarros, abríamos el libro que llevábamos y leíamos en voz alta o a veces en silencio, abrazados, y seguíamos fumando. Así era todo contigo, Mane, todo tan impulsivo, todo tan a prisa.

No puedo olvidarte, Mane, no puedo olvidarte. No puedo olvidar tu voz, tus palabras cuando decías “Ernesto, abrázame más fuerte” y casi siempre teníamos de fondo a Nirvana y me hablabas de Kurt Cobain, que te gustaría que al morir te enterraran con All Apologies y a veces bailabas sola, con el cigarro en la mano, a veces cantabas como si fueras Kurt Cobain o hacías el bajeo de Novoselic y maldecías a Dave Grohl. ¡Cómo olvidar, Mane, la discusión que tuvimos sobre Dave Grohl! Es un traidor, dijiste enfurecida en el café y hasta le preguntaste al mesero si de verdad consideraba a los Foo Fighters como una banda trascendente y el mesero dijo que sí porque era más joven que nosotros y decía que Best of you era buenísima y yo estuve riendo y tú te limitaste a sacarme la lengua y a decir una y otra vez que Grohl era el culpable de que el grunge desapareciera, que Kurt Cobain se hubiera empujado cantidades insuperables de heroína al escuchar a los Foo Fighters y que Grohl había abusado del legado de Kurt… y así hablabas, Mane, hablabas y yo reía y fumaba y me gustabas demasiado, tu cabello largo, tus pecas, tus ojos cansados pero risueños, tus senos figurándose en la playera que decía “NEVERMIND”, tus brazos delgados llenos de pulseras, tus jeans descosidos, tus tenis rayados y me gustaba aun más esa forma tuya de hacerte poeta, de poeta de la destrucción como te nombrabas, la poeta apocalíptica, te decías, la poeta que suena como la guitarra de Kurt Cobain, la poeta grungealcohólica, te llamabas, y comenzabas a decir “despierto impaciente/ de amarrarme al tiempo que me convierte en paciente de la vida/ estoy desterrada/ destruída/ complaciente y sangrante/ soy este cuerpo que devora y explota/ soy todo lo vencido.

Mane, ¿recuerdas cuando tirados en el suelo del departamento escuchamos “Frances Farmer will have her revenge on Seattle” y compartimos los cigarros y me contaste de la hija que querías tener algún día, que no te importaba tener un trabajo importante, sólo un trabajo suficiente, que no tenías esas ambiciones de tener una gran casa, de viajar por el mundo, no, sino que sólo querías tener una familia, correr con tu hija a la que ibas a llamar Vida, que prometías que al tenerla dejarías de fumar, que pasarías navidades extraordinarias a su lado, que la verías crecer, que le comprarías un cachorro, que le contarías cuentos, que de adolescente le ibas a poner los discos de Nirvana, que le ibas a comprar una batería y enseñarle todo aquello que Dave Grohl no supo, que vivirías modestamente, que saludarías siempre a todos tus vecinos, que comerías pizza los viernes en la noche, que de vez en cuando un paseo por la playa, que le entregarías el universo de su nombre… y recuerdo que me pediste que te abrazara y me dijiste “prométeme que lo haremos juntos, que tendremos a Vida juntos” y te dije que sí, sí, Mane, sólo contigo puedo imaginar a Vida, tener a Vida y te pusiste encima de mí y te quitaste la playera y tus senos tenían ese justo color del durazno y nos besamos mientras los cigarros se consumían en el cenicero y después del sexo caminamos por el centro de la ciudad, tomados de la mano, imaginando la vida de Vida a nuestro lado, Vida que llegó a los nueve meses y la abrazamos y le compramos un peluche enorme y yo trabajaba en la librería y tú en el cine y por las noches íbamos por Vida a casa de tu madre y llegábamos al departamento donde nos esperaba el cachorro y acostábamos a Vida y cocinábamos cualquier cosa y escuchábamos Drain You y en nuestras primeras navidades bailábamos al ritmo de Lithium cargando a Vida y todo nos iba bien.

Mane, Mane, todo iba bien hasta que las rutinas nos agotaron, hasta que las discusiones fueron constantes, hasta que cambiamos el suelo y  Nirvana por obligaciones desastrosas, por superar una economía que siempre nos ha tenido rebasados, porque las cuentas son demasiado caras, porque las deudas parece que no terminan, porque Vida dejó de ser una bebé y comenzó a correr por el colegio y sus necesidades eran ya otras y ambos dormíamos en la misma cama pero dándonos la espalda y a veces yo hacía lo posible por llegar tarde o tú me pedías que yo pasara por Vida porque ibas a llegar tarde. Pero sabíamos que todo estaba pasando, que dejaste el cine por el museo porque ahí te pagaban más, que la vida nos estaba pasando y nos estaba acabando  y conociste a Ramiro y una tarde me dijiste que pasara a tu trabajo y recuerdo haberte dicho alguna vez que era irónico que trabajaras en un museo pero tenías que llegar ahí porque el destino quería que Ramiro llegara a tu vida y también a la de Vida y todo pasó tan a prisa y me dijiste que todo ya había acabado, que querías ser sincera, que Ramiro había estado en tu vida en meses anteriores, desde la navidad pasada, específicamente, y que sentías algo, sentías todo y me hablaste de la felicidad, de los libros de autoayuda, de la meditación, de que fuera yo a terapia, Mane, y vi todo el desmoronamiento, vi cómo todo se apartaba, vi que la poeta apocalíptica se había convertido en una sacerdotisa del cambio y de lo positivo, que el grunge lo habías cambiado por Pharrel Williams y yo sólo podía pensar en Vida que también se iba a ir de mí porque este país decide en estos casos a favor de la mujer casi siempre y entonces vi cómo todo se estaba vaciando, me quedaba sin mi vida, sin Vida y tú, Mane, eras otra, diferente, veías diferente y esa noche te fuiste, tenías preparado todo, tomaste las cajas, tomaste a Vida y te fuiste con Ramiro y tiempo después supe que viajabas con él por el mundo, que vestías diferente, que sonreías diferente, que no eras Mane, que eras la mujer de Ramiro, que la vida les iba bien y me dieron ganas de matarme, de aniquilarme, de colgarme, de darme un tiro, de tragar mil y un barbitúricos porque todo se fue de mí, todo te llevaste de mí y no hay solución, Mane, no sé, Mane, no sé, pero hay algo cierto, hay algo seguro, un pequeño paso y me preguntó siempre, Mane, ¿por qué en algún momento de mi vida llegué a pensar que podías ser feliz conmigo? ¿por qué creí que podíamos ser felices juntos? ¿por qué pensé que podía ser yo feliz? Mane, siempre tengo ganas de destruirme… Mane ¿por qué tuve que vivir creyendo? ¿por qué no me destrozaste antes cuando aún podía levantarme? Mane, ¿debo saltar? Mane ¿por qué me silenciaste?, Mane ¿es lo suficientemente alto? Mane, veo los autos pasar. Mane ¿es mejor saltar? ¿es mejor?

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