LENTUS SATIRICUM

Marco no sabía que iba a ser su último día con vida. No lo sabía y tampoco le interesaba mucho saberlo o no saberlo. Él manejaba entre las calles parecidas a lombrices, iba escuchando música y pensando en Mirla, su mujer, quien tampoco sabía que ese iba a ser el último día de Marco y el último día de muchos más. Nadie tenía idea lo que iba a ocurrir esa tarde ni tampoco lo que podía desencadenar un silbido. Aquella tarde, cuando el semáforo se puso en rojo, la emisora de radio puso Wind of Change de Scorpions y Marco comenzó a silbar jugándose la vida en el soplo. Tenía el vidrio abajo justo como a él le gustaba tenerlo cuando manejaba y esas dos condiciones, la ventana y el silbido fueron, en un breve instante, los desencadenantes del caos o, desde la filosofía, del orden.

Marco silbaba y una mujer que pasaba a su lado en bicicleta se detuvo y comenzó a gritarle, a preguntarle por qué le estaba silbando, si su condición de hombre le daba libertades para silbarle a cualquier mujer, que qué carajos le pasaba y Marco, extrañado, bajó el volumen del radio y tras escuchar a la mujer él sólo contestó que era Wind of Change de Scorpions, que no le silbaba a ella, que la canción sonaba así. La mujer no quiso escucharlo o si lo escuchó hizo como si no lo hubiera escuchado y metió su mano al automóvil y comenzó a jalarle el cabello. Maldito puerco hijo de puta, le decía mientras le zarandeaba la cabeza y Marco rápidamente desabrochó el cinturón de seguridad y abrió la puerta para intentar zafarse del problema pero ¿qué problema era? El semáforo se puso en verde y los automovilistas que estaban atrás de Marco comenzaron a sonar  las bocinas. El auto que estaba justo detrás del de Marco era manejado por una mujer. Esta se bajó viendo el percance, le preguntó a la mujer de la bicicleta que qué estaba haciendo y ella le dijo que Marco le había silbado, que le dijo que qué ricas tetas y que eso es imperdonable en esta época. Marco, en el suelo, dijo que nada de eso era cierto, que estaba escuchando a Scorpions, que incluso la canción seguía sonando y cuando intentó incorporarse, la mujer del auto le propinó una patada en el rostro con la punta del tacón haciéndole estrellar la cabeza con el filo de la puerta. ¿Así tratas a tus hermanas, a tu madre, a tu mujer, puto macho de mierda? y él, con el dolor zumbándole la nuca y con el rostro ensangrentado sólo alcanzó a decir que no era cierto, que él estaba escuchando Scorpions, que lo dejaran en paz. Dicen que cuando uno está a punto de morir de repente le viene como un momento de lucidez y recuerda todo lo que ha vivido pero el caso de Marco fue diferente, él sólo recordó a Mirla, su época de novios, su matrimonio, a su hija, los problemas que tuvo en su momento en su matrimonio, las soluciones, los viajes, los abrazos, las noches a su lado. Mirla, dijo él sabiéndole la boca a sangre y la mujer del automóvil le preguntó que qué había dicho y él dijo Mirla, mi mujer, y entonces la mujer de la bicicleta le agarró el cabello y viéndole el rostro le dijo ¿también a tu puta mujer le silbas? y le escupió en el rostro. Las bocinas de los automóviles no dejaron de sonar, la gente se acercó a ver qué sucedía y entonces, otras mujeres se colocaron alrededor de Marco y la historia que se contaba era que Marco en el coche había sacado la mano para nalguear a la ciclista, que también le silbó, que le dijo que qué buenas tetas, que cuadras antes la anduvo persiguiendo, que era su ex jefe que antes la había acosado, que era un ex novio que no la dejaba en paz, que era un marido hijo de puta y todas se unieron y comenzaron a afrontarlo, a golpearlo y de un momento a otro una de ellas comenzó a morderle los dedos, otra el brazo, otra las piernas, comenzaron a comérselo hartándose de todo y en pocos minutos llegaron policías, oficinistas, obreros, empleados, desempleados, niños, niñas, familias, parejas, divorciados, ex compañeros de colegio, astronautas, políticos, deportistas, periodistas, llegaron, a fin de cuentas, muchas personas a presenciar la antropofagia descargada. Olía a sangre, a sangre coagulada, a sangre con saliva, con tripas, con mierda y algo se activó en el instinto de todos los presentes y todos comenzaron a besarse, a desnudarse, a penetrarse, a dejarse penetrar, a estirar el cuerpo, a desintegrarse. Desde arriba, desde el cielo, esa calle conglomerada de carne era una masa a punto de leudar hasta el infinito. Desde abajo era más bien una orgía caníbal. El olor se esparcía y todos los fluidos caían al suelo como si ese fuera el verdadero final y se esperara un renacimiento únicamente desde la tierra, como un florecimiento, como un sacrificio hacia la eternidad. De Marco ya no quedaba nada, tampoco de la ciclista ni de la automovilista, de ellos eran restos de huesos, astillas, y las demás personas engullían, satisfacían todos sus apetitos humanos hasta que fuera suficiente y se dejaban en manos de otros para que esos otros pudieran satisfacer sus apetitos. Entonces las palomas, los colibrís, los cuervos, los zanates y muchas otras aves se colocaron en los edificios de alrededor observando lo ocurrido. Los perros se reunieron alrededor también observando, ninguno ladró, todos estaban absortos. Los gatos se asomaron y al ver el espectáculo se retiraron a otros techos. Pasaron, probablemente, dos horas, sólo dos horas bastaron para que esa masa leudara demasiado y se comiera a sí misma para dejarse nada. Sólo dos horas pasaron y en la calle sólo estaban los automóviles abandonados, las tiendas de alrededor abandonadas, las bicicletas abandonadas, los restaurantes abandonados, los templos cercanos también abandonados. Olía a sangre, a pus, a mierda, a carne, a semen, a fluidos, a saliva, a vomito, a carne. Al poco tiempo los animales se retiraron, ni los cuervos bajaron a picotear los restos, los perros no quisieron agarrar las astillas, mucho menos los huesos destrozados. Pasó muy poco tiempo y en la calle alcanzó a asomarse a un vagabundo que silbaba, que buscaba a sus perros que dos horas antes lo habían dejado mientras éste buscaba entre la basura algo qué comer. Silbaba el vagabundo y no producía eco alguno. Hablaba solo, decía que la vida era felicidad, que la vida era felicidad y cuando llegó a la zona de la orgía caníbal y sus perros saltaron de alegría al verlo él siguió de largo, pisando la sangre, la carne cruda, las heces, los fluidos, dejó atrás los automóviles abiertos, las tiendas abiertas, las oficinas abiertas, los templos abiertos y comenzó a reír, a reír de verdad y pensó en Aleida, una mujer vagabunda que había dado a luz un día antes y él la había ayudado con el nacimiento y que le dijo que no iba a dejarlos solos y que esa mañana había despertado queriendo encontrar más cosas para los tres, para la familia que pensaba vivir debajo del puente y soñar y dedicarse únicamente a ver las estrellas. Eso quería, ver las estrellas al lado de los tres, al lado de sus perros y caminar y caminar hasta desaparecer, hasta olvidar.

13 comentarios sobre “LENTUS SATIRICUM

    1. Jajajajajajajajaja crees? Un poco de gore humorístico para reflexionar jajajaja es lo bonito de la literatura, se puede jugar mucho para sorprender, agradar, pasar el rato o para definitivamente olvidar la historia jajajaja ahora sí que los lectores elegimos nuestras batallas y las lecturas nos eligen

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      1. Jajjaajjaja si tube un buen amanecer con tu lectura. Mira que no me suele afectar un escrito pero creo que fue fuerte para mí Jajjaajjaja creo que muchos no van a entender tu humor negro menos mal que yo lo suelo utilizar habitualmente y estoy acostumbrada a que me miren como un bicho raro jajajjja

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      2. Woooo, sí fue fuerte para ti quiere decir que estuvo bueno el texto! Jajajajaja si les genera el escrito aunque sea impacto quiere decir que es algo bueno y eso está de lujo 😊 no seas bicho raro jajaja

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    1. Muchas gracias por tus palabras! Espero de verdad que mis cuentos y poemas te gusten de verdad! Y sí, no hay que ser aburrido o intentar no serlo, aunque seamos normalitos hay que intentar vivir de manera extraordinaria 😊

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