ROSELLA

Él está enamorado de ella. Él está enamorado de Rosella. O probablemente él estuvo enamorado de ella, enamorado de Rosella. No importa tanto la conjunción sino más bien el amor que de un momento a otro apareció en él y que sin saberlo iba a ser, sin más, amargo.

La conoció en un taller de escritores jóvenes. A diferencia de otras historias, en esta, él sí se enamora desde el primer instante y siente que algo no está bien. Rosella vestía una playera que tenía estampado el rostro de Kurt Cobain. Vestía también unos jeans ajustados pero a él eso no le importó tanto como el rostro de Kurt Cobain en la playera. Seguramente es una suicida fracasada, pensó él una vez que quiso hacer a un lado su romántico enamoramiento.

En esa primera sesión todos se presentaron y cuando ella dijo que se llamaba Rosella y que estaba ahí con el único ánimo de intentar escribir poesía él se desbarató y entonces se preguntó el por qué todas las chicas suicidas tienen esa tendencia a escribir poesía. Duró una hora la sesión y después cada quien se fue para su casa. A la semana siguiente, es decir, a la sesión siguiente, él la vio llegar pero ahora ella llevaba una blusa totalmente negra, sin estampado ni nada por el estilo. También iba de jeans pero un tanto más holgados. En esa sesión leyeron sus poemas. Cada alumno leyó sus versos desviados, versos mal intencionados, versos poco intencionados, versos hechos al momento, versos mutilados, unos demasiado pretenciosos y unos cuántos bastante buenos, sobretodo un par que tenían una connotación erótica bastante efectiva. Rosella también leyó el suyo, un poema bastante ligero que hablaba del recuerdo de la muerte de un novio suyo hace unos cuantos años. Había muerto, según lo que parecía en el poema, de un golpe en la cabeza, producto de un partido de fútbol americano. ¿Cómo se puede hacer un poema tal? se preguntó él y, no supo por qué, le salió una sonrisa. Al terminar la clase se acercó a ella y le pidió el poema, es lindo, le dijo y Rosella le pidió que no mintiera y él hizo gesto de interesante, es realmente bueno, y ella, así, sin más, le dio la hoja en la que lo había escrito.

Salieron del taller juntos y decidieron beber un par de cervezas juntos, fumar un par de cigarros juntos y quizá, pero esto sólo pasaba en la mente de él, terminar en la cama juntos. En el bar ella le contó realmente la historia de su ex novio muerto. Ella estuvo en el partido y vio también el deceso repentino. A sus diecisiete años ella ya tenía en los hombros un amor paralizado, inconcluso, sin despedida. Ahora tenía veintisiete, eso había sido hace diez años y, esto se lo dijo ella a él, no sabía por qué seguía escribiendo sobre el novio fallecido, no sabía por qué lo seguía sintiendo, no sabía por qué seguía ese recuerdo tan vivo y tan presente. Después tuvo un par de novios poco entrañables y también unos cuantos amantes no tan fuera de lugar pero siempre, decía Rosella, aparecía la jugada que le quebró la cabeza al novio, aparecía el sonido, aparecía el recuerdo del casco color naranja. Después le platicó de sus años en la facultad, de los fracasos laborales, de sus estudios de maestría, de la escritura de diarios, de los deseos de tener un hijo o quizá dos, de los deseos de visitar otros países, de los deseos de estar bien.   Después de pagar la cuenta, salieron caminando juntos al departamento de ella que estaba cerca del bar. Era ya casi media noche y aún pudieron comprar una cajetilla de cigarros en la tienda. En el departamento hablaron sobre sus inquietudes literarias y casi inmediatamente sobre sus inquietudes amorosas. Poco después se besaron, se desnudaron, hicieron el amor, se quedaron dormidos, después volvieron a hacer el amor, encendieron un par de cigarros y volvieron a quedarse dormidos hasta el amanecer. Esa vez no hubo recuerdos ni sueños relacionados al futbol americano.

A las nueve de la mañana él caminaba hacia su departamento, llevaba el revuelo sexual y también sus inquietudes fatigadas. Más o menos esa fue su rutina hasta que el taller finalizó y llegó verano. Una tarde, mientras fumaban, Rosella le contó que había obtenido una beca para viajar a Uruguay y hacer el doctorado. Que por fin su sueño de viajar se había cumplido, bien, le dijo él y Rosella le tomó la mano y le dijo que sabía perfectamente que no podía enamorarse, que el novio fallecido le había entregado con su muerte la prohibición de volverse a enamorar y él sólo pensó que esa relación no iba para ningún lado y que era mejor volverse al departamento. Y así fue.

Durante los meses siguientes, cuando Rosella ya estaba en Uruguay, ella le siguió escribiendo por correo electrónico, a veces le llamaba por teléfono, a veces le enviaba mensajes al celular, a veces pasaba el tiempo sin que ninguno se saludara. Incluso, aun cuando ambos se tenían agregados en sus redes sociales, no se decían nada. Llegó Navidad y él decidió pasarla en la playa. Una vez terminó de cenar salió a dar un paseo descalzo, en la arena. El mar azotaba y en el cielo los fuegos pirotécnicos explotaban en colores realmente hermosos. Entonces, en un acto de nostalgia, le escribió a Rosella, ¡Feliz Navidad! donde quiera que estés y al poco rato ella le contestó que estaba embarazada. Él se sentó en la arena y sintió que los mosquitos lo atacaban y también algunas pulgas. Rosella se había enamorado, seguramente, pero no de mí, pensaba.

Con el tiempo pudo ver en las redes sociales la vida de Rosella, pudo ver el proceso de los meses transcurriendo en el vientre, también el rostro del uruguayo que le pareció excesivamente pedante, también vio el rostro del recién nacido y también vio que Rosella viajaba al lado de su familia, que todo iba bien, que todo le iba bien. Entonces él pensó que ya habían pasado años desde aquella primera vez y ese semestre no se inscribió al taller de poesía. Llevo años en esto, pensó, y al salir de la escuela donde se impartió el taller se vio en una ventana de un automóvil, se vio él un tanto cansado, rebasando los treinta años, con el mismo gesto acabado, con el cigarro en la boca. Y caminó sintiendo en los hombros lo que le decía Rosella que se sentía el cargar con un amor fallecido, inconcluso, sin despedida, y comenzaba a llover y se refugió bajo una pequeña fachada y le habló por celular hasta Uruguay y ella le contestó y él le dijo me dejaste a tu muerto y ella le pidió que lo disculpara, que así era la vida o así era el amor o así eran la vida y el amor y él dijo que no lo aceptaba, que no lo aceptaría y ella le dijo entonces sólo déjate morir y él le colgó temblando, eufórico y seguía lloviendo y él lloraba y no dejaba de llover. Y en Uruguay también comenzó a llover pero Rosella no lloraba o no quería llorar y el uruguayo le preguntó que quién le había hablado y ella le dijo nadie, siempre ha sido nadie.

8 comentarios sobre “ROSELLA

  1. Muchas gracias por el cuento 🙏🙏, es muy lindo, y muy triste, me ha recordado un poco la película “500 días con ella”, supongo que en el amor no se puede escoger de quién te enamoras, ni se decide del todo cuándo seguir adelante, ni tampoco quién puede regresar la luz después del dolor. Simplemente son cosas que se dan, o no se dan. Siempre he pensado que el amor, por más que uno se esfuerce, no se puede ganar, sólo se da o se recibe, no lo puedes forzar. Pero, como dice Rosella, así son la vida y el amor, y no hay más sino aceptar lo que es, como es 😔.

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