LILIANA

Hice lo que todas las noches con insomnio: salir al jardín a fumar un cigarro. Desde pequeño he sufrido demasiado de momentos de insomnio y por ende, casi siempre, la amargura me habita y casi siempre, casi todo el día, me debato entre la somnolencia y el despertar apenas acariciado. Los médicos hablaron mucho sobre ciertos trastornos, sobre todo la hiperactividad pero en realidad, lo que tengo, es más una constante preocupación viniendo de la nada y yendo hacia la nada. Al principio mi insomnio trataba de aliviarlo con la lectura pero ésta me aturdía más. Después intenté algo con el ejercicio pero me pasaba todo lo contrario al cansancio. Después fue el aprender a tocar un instrumento y entonces mi frustración convivía más con la amargura. Después intenté con la escritura. Después terminé saliendo al jardín a fumar y a esperar la probabilidad del sueño. No puedo disfrutar del insomnio y aun cuando los pretenciosos digan que el arte se concibe mejor de noche y de madrugada yo preferiría, mil veces, dormir hasta que el despertar fuera tardío, inevitable.

Esa noche o esa madrugada, mientras fumaba, vi que en la casa de enfrente la sombra de  Liliana, mi vecina, iba de un lado para otro. Su cuarto era el único que tenía luz y podía verse la silueta intranquila y desesperada. No me pareció extraño debido a su profesión, era actriz de teatro y casi siempre, en mis insomnios, podía ver los actos desde la forma, desde la sombra. En algunas ocasiones, de día claro está, nos llegamos a topar y ella solía saludarme y yo, con las ojeras hasta degradarme la mirada, la saludaba con poca efusividad. Supe que era actriz porque en una ocasión tocó la puerta de mi casa y yo, con la cara y el cuerpo de un drogadicto en potencia, abrí sin saber en qué fecha estábamos y ella me tendió un programa cultural invitándome a una obra en la que ella iba a participar. Le dije que estaba bien, que lo pensaría y entré la casa con los ojos hinchados, estallándome de cansancio. Apenas y pude leer bien el programa, supe que ella se llamaba Liliana y que era actriz principal en la obra. Fui a la obra y vi que en realidad el teatro continuaba en su eterna crisis. Éramos más o menos veinte personas en un lugar que podía albergar un poco más de trescientas. Pero a Liliana, creo, no le importaba mucho. Actuó, creo yo, demasiado bien pero eso a mí no me importó tanto como su belleza. No sé si habían sido el insomnio o mi amargura o mi estupidez pero me había visto imposibilitado de notar lo bella que era Liliana. Al concluir la obra la esperé afuera del teatro y la felicité abrazándola aunque no sé muy bien el por qué la abracé. Pero lo que sí sé es que nos quedamos mucho tiempo abrazados y después le pregunté si quería tomar un café y ella aceptó sin dudarlo demasiado. En el café platicamos sobre el teatro pero también hablamos de ella, de sus inquietudes artísticas y también amorosas. No sé cómo fue pero cuando yo estaba por encender un cigarro ella me dijo que le gustaba, que le parecía atractivo aun con mi aspecto de cocainómano.  Sentí una gran excitación y también le dije que me gustaba, que me gustaba demasiado. Salimos del café tomados de la mano y al llegar a su casa me di cuenta que le costaba abrir la puerta. Ella dijo que tenía un gran problema con la llave pero que pronto iría a cambiarla. Cuando entramos vi su casa repleta de cuadros, también de libros, también de vestuarios desacomodados. Hicimos el amor no sé cuántas veces durante la noche y al otro día, después de haber dormido como nunca había podido, vi que ella no estaba en casa y entonces sólo crucé la calle y llegué a mi casa y me di un baño rápido y fui al trabajo.

Los meses siguientes fueron más o menos la misma rutina y también mi insomnio se alivió un poco. Por las noches nos acostábamos juntos y por la mañana, cuando ella se ausentaba, me devolvía a mi casa y me bañaba, bebía café, me alistaba, fumaba y me iba al trabajo. Pero al medio año la rutina cambió. Ella desaparecía casi todas las noches y de vez en cuando veía a hombres pasar a la casa de Liliana y no salir hasta el día después. En una ocasión le pedí una explicación y ella me dijo que la vida cambia, que así es, que uno debe aceptar los cambios. Fue entonces que el insomnio regresó y en las madrugadas procuré sentarme en el jardín para fumar y alcanzar a ver el acto de Liliana.

Pero esa madrugada, ese momento de insomnio, mientras yo fumaba, vi que la silueta de Liliana se retorcía, también escuché el sonido de una ventana romperse, también los gritos de Liliana. Salí de mi casa y mientras avanzaba hablé por el celular al número de emergencia y pedí una ambulancia y una patrulla de policía. Estuve forcejeando con la puerta hasta que pude abrirla tras romper el vidrio y echarla al suelo con una patada y al entrar no vi rastro de Liliana, ni de los cuadros, ni de los distintos vestuarios ni de nada. La casa estaba sola, estaba fría, olía a humedad. Fue entonces que llegaron la ambulancia y las patrullas y al entrar los enfermeros me pidieron que me tranquilizara y uno de ellos se acercó a mí con un botiquín y comenzó a vendarme las manos porque las tenía llenas de sangre. No sabía bien qué estaba sucediendo pero al entrar la policía el comandante dijo por su radio que dentro de la casa estaba un hombre vestido de mujer, que sangraba de las manos, que había entrado, parecía, tras romper la ventana de la puerta. Liliana, decía yo, dónde está Liliana y el enfermero me inyectó algo, no sé bien qué era pero poco a poco pude sentir sueño, cansancio y pude quedarme dormido. Cuando desperté en el hospital y me vi rodeado de policías supe por ellos que los vecinos habían llamado a la policía esa noche tras verme cruzar la calle vestido de mujer y forcejeando la puerta de la casa abandonada, la casa que nadie habitaba desde hacía un lustro. Pero yo les dijes a los de la policía que eso no era cierto, que Liliana vivía ahí, que era actriz, que era bella y me dijeron que sí, que ahí había vivido Liliana, que hace un lustro yo la había matado, que yo la tenía enterrada en mi jardín, que la había estrangulado, que el vestido con el que me habían visto los vecinos cruzar la calle, vestido que yo usé, era el vestido que tenía Liliana puesto cuando la maté, que muchos pensaron que yo había sido el asesino pero que nadie dijo nada, que Liliana había dejado de actuar en esta vida, que yo, casi estaba seguro, estaba muy lejos de despertar, muy lejos, muy lejos de mí, lejos de todo, lejos de Liliana.

 

5 comentarios sobre “LILIANA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s