Viajes

La vi por última vez en el aeropuerto, en la noche. Yo bebía café en la zona de comida rápida cuando ella pasó y al verme no dudó en acercarse a mí. También se acercó él, su pareja, por quien meses atrás me había dejado… pero no sé por qué razón no sentí ni resentimiento ni enojo, no sé. Pero ella me siguió pareciendo guapa, llevaba el cabello mucho más corto que antes, tenía la piel un tanto más clara, sonreía diferente. Él es Ro, le dijo ella a él y él me extendió la mano y dijo que sí, que ya sabía que yo era Ro, que tenía cara de Ro, algo así dijo. Yo sólo sonreí y después ella me preguntó para dónde iba y le dije que me iba un rato hacia el sur, hacia Argentina y acto seguido le pregunté sobre su viaje y ella me contó que iban hacia Europa, que iban a hacer un tour medieval. Poco tiempo después él le dijo a ella que iba a comprar café, también un par de revistas y se me ocurrió desearle suerte porque a las once de la noche las tiendas de revistas del aeropuerto no están abiertas y él contestó que no importaba, que ahí vería.

Nos quedamos ella y yo platicando un tanto sobre lo que había ocurrido después de nuestro desenlace, también de su relación con Ignacio, también me contó sobre sus cambios de vida, su ligereza, sus otras formas de aceptar la felicidad. Yo no entendía mucho lo que me decía, hablaba con generalidades y también como queriendo justificar y reafirmar una ideología que, claro, yo no entendía ni quería entender. Después me pidió que la acompañara al baño porque le daban un poco de terror la grandeza del aeropuerto y los desiertos de distancia entre las personas que deambulaban en este mientras está a punto de transitar la madrugada. Tomé mi mochila, llegamos al baño y esperé afuera unos cuantos minutos. Después ella salió sonriendo y me tomó de la mano y me pidió entrar con ella, acompañarla, me pidió un adiós distinto. Vimos ambos hacia los lados y no se asomó ni una sola alma que pudiera entrar al baño de mujeres. No sé por qué pero sentí nerviosismo al ver el inmenso pasillo resguardado por numerosas cabinas con escusados. Antes de entrar a una de las cabinas nos besamos y acto seguido comenzó a tocarme desaforadamente, después me hizo sexo oral y podía ver que también se tocaba los senos. Fueron pocos minutos y me dijo que la acompañara, que todo iba a salir bien. Entonces entramos a la cabina y ahí estaba Ignacio, también desnudo y la tomó por el cabello, comenzó a besarle los labios y ella me pedía que la penetrara. Mientras ellos se besaban yo estaba adentro de ella, le apretaba las nalgas mientras Ignacio le apretaba los pezones y le besaba el rostro. Después nos pidió que ambos la penetráramos, después cada quien eyaculó donde se le dio la gana, después salí yo del baño.

Ya no fui a la zona de fast food, salí del aeropuerto un rato a fumar y también a pensar en lo que me había sucedido pero en realidad no pensé en nada de eso, más bien pensaba en ella y en lo que antes habíamos vivido juntos. Pensé en cuando nos conocimos, cuando de niños agarrábamos grillos, cuando un poco más grandes escuchábamos Pearl Jam, cuando de adolescentes escuchamos “Black” y estuvimos haciendo el amor, cuando aprendimos a fumar, cuando fuimos a nuestros primeros conciertos, cuando cruzamos carreteras persiguiendo bandas de rock, cuando lloramos la muerte de Layne Staley y durante todo ese día nos pasamos escuchando a Alice in Chains, cuando estudiamos juntos en la facultad, cuando las promesas fueron otras, cuando éramos otros y después llegó Ignacio y ella prefirió ser otra y comenzaron los vacíos, los desiertos, las distancias, las confusiones, las rupturas y yo no sabía de Ignacio pero él sabía de mí.

Al terminar mi cigarro caminé hacia la sala de espera de la aerolínea aun cuando faltaba mucho tiempo para abordar. Entonces los vi a ambos en la zona de fast food y se acercó ella a mí para preguntarme si estaba bien, si algo me había sucedido, que hace rato me había visto y quiso acercarse a mí pero que me había ido rápido al verlos y que después había desaparecido. Y yo le dije que sí, que estaba bien y nos saludamos abrazándonos e Ignacio nos miraba desde su asiento sin querer acercarse y ella me dijo, él es Ignacio y le dije que sí, que tenía cara de Ignacio y me preguntó para dónde viajaba y le dije que al sur, a Argentina, y ella me dijo que se iba a Europa, a un tour medieval y le dije que estaba bien, que mi vuelo estaba por partir, que tenía que irme y ella me abrazó y me dijo que lo entendía, también me pidió perdón y le dije que todo estaba bien y seguí caminando y pensando en ella pero también caminando sin ella, yéndome sin ella y no sentí ni resentimiento ni enojo, sentí más bien unas ganas irrefrenables de llorar, de gritar pero parecía que todo era ya demasiado tarde y, muy pronto, demasiado lejano.

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