SUSANA

Tú lo sabías muy bien, Susana, que yo esperaba demasiado de ti, esperaba demasiado de ti como esperaba demasiado de nosotros como esperaba demasiado de la vida como esperaba demasiado de Dios, del destino, de todo, Susana, de todo. No sé por qué cuando no estás conmigo te extraño de una manera que me es difícil sostenerme. Pero tú lo sabías muy bien, Susana, tú sabías muy bien que esto tarde o temprano terminaría en tus manos o en las mías, en tus ojos o en los míos, con nuestros corazones latiendo desesperados. Todas las despedidas, Susana, son una desesperación, todas, y tú lo sabes muy bien, ¿recuerdas cuando me dejaste? ¡¿lo recuerdas?! era nochebuena y discutiste el por qué había aceptado grabar un par de videos pornográficos con Tamara y te dije que si bien te había prometido que no iba a hacerlo sabías que este era nuestro trabajo y sabías que los últimos meses habían estado pésimos y que tuve que bailar en un par de centros nocturnos donde tuve que forzarme a aceptar el toqueteo por parte de los hombres y también por mujeres incapaces de lavarse la boca. Pero uno hace tantas cosas por amor y nosotros…  Y después me dijiste que sabías lo de Tamara, lo del amor a Tamara…¿Recuerdas cómo nos conocimos? Fue creo que tu tercer película pornográfica y yo, bueno, ya tenía bastante camino recorrido pero  fue mientras nos filmaban y me hacías sexo oral y me veías con tus ojos marrones que capté algo distinto en ti y mientras cogíamos y el camarógrafo se pegaba a nosotros yo sabía que algo estaba por ocurrir pero nunca pensé que sería amor, Susana, nunca lo pensé. Cuando terminamos de grabar y que tú estabas desnuda, sudada, cansada, recuerdo que pediste un cigarro y me dijiste que después de bañarnos y arreglarnos querías que nos viéramos afuera para ir a comer algo. La gente del staff recogía nuestras ropas, los camarógrafos guardaban las cámaras en mochilas gigantescas, los encargados del sonido iban de un lado a otro y el director agradecía la sesión, decía cosas como que era una excelente película, que tú, Susana, estabas radiante y que yo era irresistible. Cosas así. Y me bañé e imaginé una vida contigo sin saber por qué imaginaba una vida contigo y pensé, Roger, no puedes imaginar una vida con Susana porque nosotros no estamos para enamorarnos ni para creer en el amor ni para llevar una vida normal porque eso, lo sabes bien, Susana, es imposible para nosotros que actuamos en películas pornográficas. Y cuando salí te vi en tu camioneta último modelo y me dijiste que nos viéramos en un lugar de hamburguesas del que yo no tenía idea y me dijiste cómo llegar y veinte minutos después ahí estábamos ambos pidiendo hamburguesas con doble carne, con doble queso porque ambos sabíamos que el sexo nos generaba un hambre grandísima y yo pedí un litro de cerveza y tú una malteada de fresa. Y ahí platicamos y me contaste el cómo llegaste al porno y yo te escuchaba pero yo quería que me contaras tu vida afuera de la industria del porno y me preguntaste ¿crees que personas como nosotros puedan enamorarse alguna vez? y recordé entonces el cómo me viste mientras me hacías sexo oral y me di cuenta que sí, que puede pasar o que estaba pasando y que había sido amor a primera vista pero ¡vaya vista! y volví a ver tus ojos marrones, tus labios hinchados por todos los besos que nos dimos en la filmación (y también por el botox) y pensé nuevamente en tus senos grandes rebotando como si fueran dos globos de agua gigantescos. ¿Nosotros podemos enamorarnos?. Claro que sí. Y esa tarde fuimos a tu casa recién comprada y jugamos videojuegos, comimos palomitas, vimos una película terrible de acción y te quedaste dormida en mis brazos y yo sólo pensaba que esa era la vida que quería, que deseaba de verdad. Y seguimos saliendo y aun cuando ambos hacíamos escenas con otras personas sabíamos que el amor no tenía nada que ver con nuestros cuerpos y nos deseábamos aun cuando estábamos con otras personas grabando, nos deseábamos aun cuando nos grababan en orgías o como aquella vez que ambos en la misma película nos compartimos con otros. Todo iba bien hasta que apareció Tamara y que la agencia nos hizo viajar juntos porque nos contrataron para una feria del sexo y me prohibiste dormir con ella porque sabías, no sé cómo, que podía enamorarme de ella. Pero soy tonto, soy tonto porque creo que puedo controlarme o controlar mis impulsos y cuando menos me doy cuenta ahí estoy entregándome a ellos. Y así fue con Tamara, en el avión reímos de lo lindo y durante nuestra estadía compartimos todo, todo, hasta que fue inevitable compartirnos el cuerpo y entonces también le compartí mi deseo y creo yo, poco a poco, entre gotas, le fui dando mi amor hasta que en nochebuena, en mi casa, recibiste el mensaje de ella en tu celular y entonces me prohibiste lo de grabar con ella más, me prohibiste volver a verla y notaste mi cara de incrédulo y me dijiste que lo sabías todo, que esperabas más de mí porque siempre estamos esperando más de nosotros y te fuiste, te fuiste llevándote nada de mí, eso dijiste, “no me llevo nada de ti porque ahora todo le pertenece a ella” y yo me sentí abatido pero también tranquilo porque ahora creía entender la vulnerabilidad del amor y porque, sí, personas como yo, como nosotros, también podemos enamorarnos y errar en el amor.

Pero después de esa noche ya no supe de ti hasta que mi agente me dijo que habías renunciado a la industria del porno, que habías deshecho tu contrato y que a tus fans, o pocos fans, les habías armado un comunicado y que lo publicaste en tus redes sociales y dijiste que ya era suficiente. Pero yo sabía que eso tenía que ver conmigo porque el amor hace esas cosas, nos hace hacer renunciar al todo por el nada. Y pasó el tiempo y yo después entendí que no sentía amor por Tamara y te estuve buscando y no obtuve ninguna respuesta hasta que mi agente me contó que ibas a dar una conferencia en una universidad sobre la importancia de ser feliz y yo maldije el día que nos separamos porque tanto te había dolido lo de Tamara que tuviste que recurrir a la secta de los gladiadores de la felicidad. Y entonces fui a la universidad y ahí estabas, apenas acompañada por maestros y doctores que en realidad eran nada ante todo tu cuerpo. Te veías hermosa, siempre lo has sido, Susana, siempre lo has sido. Me viste y fuiste hacia mí para saludarme, me abrazaste demasiado fuerte, me preguntaste el cómo me estaba yendo y te dije que te amaba, que te quería de vuelta conmigo. No, Roger, eso no, me contestaste y me tomaste del brazo, me llevaste afuera de la universidad para fumar un cigarro y me hablaste del perdón, de la importancia de vivir sin rencores, de la dicha de la resiliencia y yo, Susana, no tenía ni puta idea de lo que me decías porque hablando de felicidad yo sólo quería estar contigo. Te amo demasiado, Susana, te dije y tú me dijiste que no era amor, que yo quería seguir enamorado de ti por lo que habíamos vivido pero que el amor no ata, el amor no es una cadena y comenzaste a decir esos clichés que todos los libros de autoayuda repiten. Carajo, Susana, te amo y me abrazaste, me abrazaste muy fuerte y te disculpaste y entraste a la universidad. Así que fui a tu casa, el policía de la caseta del fraccionamiento me reconoció e incluso se congratuló al verme, tanto tiempo sin verle por acá, me dijo, y alzó la pluma y entré con mi auto a tu casa. Pero no lo dejé enfrente, lo dejé un poco más adelante. Y pasaron unas horas hasta que te vi llegar y vi el vestido azul entallado, los senos abultados y bajé del automóvil y corrí hacia ti y me viste pero ya diferente, con miedo, lo sé. Pero aún así me invitaste a entrar y vi ese espacio que antes compartías conmigo y en la sala comenzaste a besarme, a desnudarme y volvió el sexo oral pero ahora me veías diferente, vi en tus ojos la nulidad del amor y entonces te sacaste mi miembro de tu boca, te paraste y me dijiste que era imposible volverme a amar, que yo ya había quedado atrás y comencé a llorar y la excitación por obvias razones se desmoronó. Me diste un vaso con agua e incluso pediste por teléfono comida china y horas después volvimos a lo de antes, vimos una película de acción terrible, comimos y te quedaste dormida. Esa noche me quedé contigo y en la madrugada iba despertando a veces para ver si seguías ahí en mis brazos, conmigo. Y en la mañana despertaste, nos bañamos juntos e incluso hicimos el desayuno como si estuviéramos casados. Después fue inevitable despedirnos pero me dijiste que no volviera, que dejara de seguirte, que el amor era otra cosa. Y salí de tu casa queriendo no voltear, queriendo hacerte caso pero es difícil vivir con todo en la mente y que eso sea mucho más que todo lo que vemos. Y cuando entré al auto volví a llorar, a llorar porque ¿podemos enamorarnos nosotros, Susana? y me di cuenta que sí porque tuve que perderte para perderme en ese vacío que yo desconocía y lloré, Susana, te lloré tanto porque mi vida a partir de ti había cambiado y yo ya no quería ser yo sin ti. ¿Es esto, Susana, amar?, el amor y las despedidas son eso, desesperaciones pero ¿deben de doler tanto, Susana, deben doler así?

Un comentario sobre “SUSANA

Responder a Diane AG Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s