I: LA ESCRITURA ES SIMULACRO

Porque la escritura siempre es un acto de dolor. Porque en la escritura uno se desgasta y se convive con los desalientos de la memoria.

Porque la escritura desconsuela o desencanta o aniquila o revive o abraza cualquier presente y nombra siempre lo que se quiere olvidar.

Porque la escritura siempre nos infiere que somos acumuladores de recuerdos de los que difícilmente podemos escapar. Porque la escritura inquieta lo que queda de nosotros.  Porque nos inquieta. Porque la escritura, en algunos, es lo único que nos queda.

EN LA ESCRITURA EL REFUGIO O EL MANICOMIO O EL INTERNADO

En la escritura el texto es el refugio, el manicomio, el internado, la visita hacia todas las veces de todos nosotros en todos los instantes. Por eso que escribir es un riesgo, porque nos visitamos para decirnos a veces la ficción como también para recalcarnos la desolación. La escritura es un simulacro, un acento, el suicidio sin resultado, el diálogo ausente.

La escritura es íntima y nunca en soledad.

COMO JARDÍN LA ESCRITURA MADURA.  LA ESCRITURA SIEMPRE ES GRAVE

Debajo del jardín, el cuerpo. Debajo de la escritura, el cuerpo. El cuerpo supone el agravio. Nosotros, por dentro, el abandono. También incertidumbre, también hartazgo. La escritura como cuerpo donde es posible vivir el entierro. 

Pienso en ese abandono. Pienso la escritura como un acto de voluntades al filo de todo. Pienso que es posible morir en ella. Padecer la escritura también en el cuerpo. Por eso que también todo nos devuelve al fracaso. Lo inacabado. 

La tierra como palabra. Desahogo. Olvido. La tierra como palabra. Germinar la suerte de nuestra muerte. Saber la caída. Saber que también la escritura deja de continuarse en el cuerpo, que también acaba, que nos devuelve nada, que nos hace fingir la vida.

Padecemos en la escritura todos los adioses y también las sombras y también lo imprevisible. Por eso que siempre es inconclusa, que los tiempos se detienen y después se continúan lentos, temerosos. La escritura desnuda. La escritura, desnuda. La subversión es hacia el que escribe. Hay siempre un debate de posibilidades, de puntuaciones, de obsesiones que perturban hacia el desvarío. 

Es jardín porque su tierra nos dice todo el tiempo y  nos señala la gravedad de la lentitud…

La escritura nos salva de nosotros mismos. Nos salva de nosotros. Nada duele tanto como escribir la suerte que uno desea, que uno siempre está deseando y que no se tiene, que no se alcanza.

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