CAMILA

Creo que ninguno sabía que esto iba a terminar así o iba a empezar así o a continuar así pero todo iba bien hasta que te fuiste con los mariguanos que estaban cerca de nosotros y te pusiste a fumar con ellos y a platicar en francés y en polaco y entonces  tu hermana Camila y yo nos quedamos solos en la casa de campaña escuchando al mar, escuchando unos grillos lejanos pero también escuchando lejano tu francés alebrestado y tu polaco enmarañado, demostrando a tus pocos escuchas que tú pertenecías más a su mundo que al nuestro, a nosotros que no hablábamos ni francés ni polaco pero decidimos Camila y yo entendernos de otra forma.

Pero yo no quise ir a ese viaje a la playa y a ti te fastidió mi reacción y te pusiste gravísima conmigo y tuve que aceptar ir sólo para darte gusto y después me dijiste “por fin vas a conocer a mi hermana” y al poco rato ya andábamos yendo hacia la estación cargando sólo un par de mochilas y la casa de campaña y al comprar los tíquets ustedes se encontraron, se saludaron y entonces vi que Camila era totalmente distinta a ti y fue que nos presentaste, me saludó de beso y si bien yo ya había visto fotos de ella, en persona me pareció sumamente hermosa. Pero entonces nos subimos al autobús y comenzaste a platicarme de tus clases de literatura y de filosofía, de Kierkegaard, de Hegel, de Gombrowicz y de tus poemas recién publicados en la revista de la universidad y yo no podía creer que tras un año de relación apenas había conocido a Camila y recordé que vivían separadas, que tú vivías con tu madre y ella con el padre, que se llevaban un año de diferencia y que ella estudiaba música y también recordé que tu familia estaba llena de artistas y me dieron unas ganas grandísimas de vomitar y mientras me hablabas del imperativo categórico te pedí permiso para ir al baño y vomitar no sé si el desayuno, el coraje de acompañarte o el hecho de que tu familia estaba repleta de artistas que se han encargado de desgraciarle la vida al prójimo. Pero Camila…

Llegamos a nuestro destino por la tarde y tomamos un taxi, hicimos una parada en la tienda de autoservicio para comprar comida, cerveza, cigarros y después fuimos a la playa a la que siempre habías querido ir y al ver a Camila entendí que ni ella ni yo queríamos estar ahí. Ya en la playa armé la casa de campaña y ustedes inmediatamente se metieron para ponerse el traje de baño y yo comencé a beber y a fumar y a darme cuenta que alrededor de nosotros sendos adolescentes y personas de no más de treinta y cinco años bailaban, nadaban desnudos, bebían, vomitaban o pateaban una pelota o jugaban con la arena. Y entonces salieron ustedes y Camila me pareció una nereida aunque esto sea demasiado cursi y me dijiste que me cambiara y les dije que fueran al mar, que yo iba a tardar un poco en cambiarme. Pero la realidad es que tardé casi nada porque me las imaginé a ambas mojadas y semidesnudas y salí de la casa de campaña y fui hacia ustedes para nadar con ustedes y acercarme a ustedes. Y todo estaba bien o parecía normal hasta que decidiste salir del agua porque querías broncearte y entonces me quedé con Camila nadando, muy cerca de ella y comenzó a preguntarme cosas sobre nosotros y respondí bien, sin nervios, aunque presentía que algo estaba por pasar y supe que ella estudiaba música, que cantaba jazz y me pareció el cliché viviente más pretencioso del mundo y de un momento a otro, sentí su mano debajo de mi bañador y comenzó a masturbarme mientras me hacía preguntas sobre mis gustos artísticos. Yo podía verte a ti descansar boca abajo, bronceándote de espaldas y entonces sin pensarlo le metí los dedos a Camila y le pareció a ella doloroso, incómodo y salió del agua para acompañarte. Yo tardé un rato en salir debido a mi excitación pero al salir y al llegar a ustedes todo parecía normal, como si lo que había pasado con Camila era una historia más debajo del mar.

Conforme fue llegando la noche los tres estuvimos bien, intentamos hacer un castillo de arena que después era más bien una especie de sillón gigante para nosotros, comimos galletas y jamón pero la cerveza nos sobraba y bebíamos sabiéndolo. Entramos a la casa de campaña y tú te quedaste dormida una hora aproximadamente y en esa hora Camila estuvo haciéndome sexo oral prohibiéndome eyacular y me lo hacía cada cinco minutos y daba intermedios de dos minutos para descansar. Y llegó la noche y salimos porque la playa parecía una fiesta eterna y fue entonces que conociste a los europeos y nosotros te observábamos y yo sabía que te había gustado el polaco porque siempre hablabas de Polonia y que incluso aprendiste polaco porque tu sueño era ir allá y nos preguntaste si queríamos mariguana porque ellos tenían y te dijimos que no y te fuiste con ellos a unas cuantas casas de campaña lejos y pudimos ver que bailabas y escuchamos tu francés y tu polaco y Camila me dijo que te ibas a acostar con el polaco y no sé por qué me puse celoso y entramos a la casa de campaña y me dijo que quería que eyaculara en su cara y me hizo sexo oral y no duré ni dos minutos y entonces cubrí todo su rostro y pensé en mis sueños de adolescente, en las películas pornográficas, en mis deseos reprimidos y Camila sonreía y lo que se escurría lo tomaba con sus dedos y después se los metía a la boca. Y salió ella al mar, sé que salió para limpiarse el rostro y poco a poco fui quedándome dormido hasta que me fue imposible escuchar tu polaco o tu francés o la música extraña que escuchaban.

Al otro día los tres despertamos en la casa de campaña pero despertamos silenciosos, sumamente ajenos. Desmontamos la casa de campaña, regalamos las cervezas que nos sobraron, subimos al taxi y después al autobús para volver a la ciudad. En la terminal, Camila se despidió efusivamente de ambos, nos agradeció el viaje. A mí no me besó, sólo me abrazó. Y tú y yo nos tomamos de la mano y abordamos el metro con nuestro equipaje y entonces me dijiste que esa noche te habías acostado con el polaco y con el francés, que estaban muy drogados, que al principio era sólo con el polaco pero que después se unió el francés y que el threesome se había dado de manera involuntaria y que no querías herirme, que querías ser honesta. Yo permanecí en silencio y te imaginé en todas las posturas posibles compartiéndote con dos hombres y sentí un gran deseo  de verte así y tuve una erección incontrolable. Y me dijiste que sabías lo que había pasado con Camila, que todo lo que había sucedido en el viaje tenía una finalidad.  Y al llegar a la estación cercana a mi departamento decidiste no bajar conmigo, me dijiste que ambos habíamos descubierto algo a lo que no queríamos bajo ningún motivo renunciar. Y avanzó el metro contigo y contrario a los clichés, no volteaste a verme. Y sucedió que cuando llegué al departamento, encendí la radio y sonaba Esperanza Spalding y encendí un cigarro y marqué tu número telefónico y no contestaste. Entonces te imaginé con uno, dos, tres, luego con cuatro hombres, luego en una orgía y y pensé en Camila, en lo que había sucedido con Camila y las imaginé a ambas conmigo o con otros hombres y me devolviste la llamada y me dijiste que tu familia tenía esa maldición de joderle la vida a los demás, que era una cosa sin querer, que te disculpabas y te dije que no te preocuparas, que dependía de quien estuviera del otro lado de ustedes, del otro lado de tu familia y colgamos riendo, deseándonos incluso lo mejor y al colgar encendí un cigarro, abrí una cerveza que tenía en el refrigerador y salí al balcón a fumar agradeciéndole a Francia y a Polonia y pensando en Camila, en las nereidas y all that I can say y Gretchen Parlato.

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