En aquella ciudad…

En aquella ciudad encontré una puesta de luz distinta

como murmullo de esperanza y olvidándome de lejanías:

era yo a mis veinte años entre librerías, escapando de clases,

era yo a mis veinte años enamorado de muchas mujeres, de muchas mujeres de diferente suerte.

En aquella ciudad que también era un laberinto me encontré en un centro distinto

donde escribía poemas, historias, falsas apuestas amorosas, rencores amorosos, delirios amorosos:

era yo a mis viente años disfrutando caer, caía escribiendo y leyendo a quienes también habían caído siendo miserables, orgullosos,

leía a quienes habían caído tan lejos que incluso la distancia les devolvió el tiempo y evitaron a toda costa el olvido.

En aquella ciudad, a veces oscura pero donde la luz siempre encuentra una fractura para adentrarse

tuve la indescifrable vagancia del amor, era errante en cuerpos que me insistían amarme y otros que no pero que nos ocupábamos de las glorias del cuerpo, de los laberintos donde la luz penetraba y se internaba y colapsaba.

En aquella ciudad me dejé caer porque esa es la única forma de vivirla, cayendo y escribiendo, escapando, leyendo, escapando, amando, escapando, enamorándose, escapando:

era yo a mis veinte años unos ojos que se extendían hasta el mar, hasta el cielo, hasta el universo, y era yo suspirando por otras tierras que después visité, suspirando por mujeres que fueron, que dejé ir y que nunca volvieron.

En aquella ciudad era yo un cómodo fantasma, no pasaban ni el tiempo ni la distancia, sólo pasaban las miradas, los cuerpos, las eternidades caminando debajo de la tierra o en las calles y todo se trataba de llegar a casa y escribir sobre esas miradas, esos cuerpos, esas eternidades.

En esa ciudad yo era a mis veinte años un plan que fracasaba con la ligera resistencia que sólo es posible en la escritura: una resistencia de amor, de dolor, de insomnio, de hartazgo, de esperanza, de luz,

de luz en esa fractura mínima que es toda la oscuridad,

pero que brevemente se ilumina

y ahí estoy yo, después de mis veinte años

después de aquella ciudad.

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