CARTA A ANA VALENTINA / JULIO ALBERTO SANCHÍZ

MÉXICO/ABRIL/ 1924

Ana Valentina:

Recibí tu carta y al momento de terminarla, inmediatamente, tuve ganas de ir hacia ti y concluir todo aquello que rememoras de nosotros. Pero como bien dices, pertenecemos a Torrentes, a esa ciudad donde nada concluye, donde todo, no sé cómo, se eterniza y casi siempre es para mal. Tu poema me destrozó, sobretodo cuando dices: “Dios jamás habitó Torrentes/ nada de aquí le pertenece/ a Torrentes le habitan ánimas que se desconocen en el cielo y en el infierno/ somos los hijos olvidados/ los no reconocidos/ los mutilados de alma/. Sé por tu hermana Victoria que la estás pasando demasiado mal y sabemos ella y yo que has tenido episodios terribles de tristeza de los cuales, en un par, gracias a Dios (aunque no lo creas) saliste bien librada de tu propio intento de muerte. Odié la última parte de tu carta, tu postdata tan dolorosa, tu postada que dice: ¿por qué todo me encamina a matarme, a desear apartarme pronto de la vida? Victoria y yo te queremos mucho, te queremos demasiado y a veces pienso que ni siquiera nuestro amor por ti alcanza lo suficiente para alejarte de esos pensamientos. Claro que te ofrezco una disculpa por no irte a visitar a Torrentes pero, como Victoria te dijo, tenía yo unos asuntos que arreglar aquí en México, asuntos con mi estadía definitiva, asuntos con mi nacionalización, con mis ganas tajantes de apartarme de todo lo que huele a Torrentes. De todo excepto de ti. ¿Por qué te resistes tanto a venir aquí, a refugiarte en la solemnidad del desierto o de los volcanes? ¿Por qué te resistes tanto a dejar el agua, a dejar a tu “Santa Inconclusa”, a dejar tus calles alborotadas de desesperanza, de desolación, de constante agonía sin Dios?

Mientras leía tu carta te imaginaba menuda, tan delgada como la última foto que le enviaste a Victoria. Te imaginé empuñando la pluma azul y acomodando una y otra vez la hoja blanca porque escribes con demasiada energía y eres capaz de destrozar páginas con sólo al hacer una letra. Y te imaginé también bebiendo tu café, fumando tus cigarros y abriendo las cortinas de vez en cuando para ver si el sol se había ocultado ya, si podías dejar de odiar el día por un momento porque la noche ya te pertenecía. Y te imaginé riendo al ver la oscuridad, te imaginé como el vampiro romántico en las calles de Torrentes, te imaginé pálida y risueña con el alborozo que te producen siempre las noches de esa ciudad de la que ni Dios quiere hablar, de esa ciudad que a Dios le avergüenza. Siempre has sido tan bella a pesar de que casi siempre das la impresión de estar muerta.

Sí, Ana, sí, Valentina, recuerdo perfectamente nuestra primera noche, en el parque Torrentes donde iban a parar los caballos ahogados por tanta agua, por tanta lluvia. Pero esa noche nuestra la humedad era otra, la humedad estaba entre nuestras piernas, en nuestros labios, en lo que era el principio de todo lo nuestro que es inconcluso, que nunca termina. Y me gustaría pensar que cada vez que recordaras esa noche sonrieras y te dieran ganas de vivir, ganas de sostenerte sobre tus piernas delgadas y blancas, ganas de sostenerte en tu corazón nocturno donde se apuestan todas las melancolías de Torrentes y que tus lágrimas se transformaran en los grandes aguaceros de esa ciudad, aguaceros de amor, aguaceros capaces de ahogar a toda la ciudad con la oportunidad de avisarle a Dios que ahí, otra vez, puede empezarse la vida, otra vida.

Pero sigo sin entender el por qué te resistes tanto a venir a mí. Sé que todavía no me perdonas por haberme venido a México pero bien sabes, amor, que desde que recibí la invitación mexicana para hacer una estadía artística encontré esa otra felicidad que se nos niega siempre allá en Torrentes. Si pudieras ver, amor, todo lo que veo a cada paso, a cada cielo de distancia de ti… Si pudieras ver, amor, todo lo que este país brinda en cada calle, en cada sonámbulo que merodea las calles de las ciudades coloridas, ciudades donde incluso los animales son atrabancados, felices. Y sé que quisieras salir pero tu miedo al mar te impide venir a mí y consolidar nuestro amor entre pirámides. Y sé que Victoria también te ha insistido, y sé que Victoria también quiere tenerte aquí y la odias porque ella está más cerca de mí pero jamás estará tan cerca de mi corazón como ambos nos tenemos, como ambos nos tendremos.

Tengo que irme porque están por dejar de recibir cartas. Me urge enviarte ésta. Me urge que te llegue y que te den nuevamente ganas de vivir, ganas de amar o de amarme tanto como antes, como siempre. No te mates, no lo vuelvas a intentar. Espero ir en un par de meses por allá y caminar por Solano y olvidar lo abrupto de los caballos muertos y esparcidos con sus dueños en las aguas imposibles de esa amada y odiada ciudad que es nuestra Torrentes.  Pero prométeme que nos veremos, prométeme que no intentarás matarte, que no intentarás tirarte al lado de los caballos torrenciales.

Te amo con toda mi alma.

Julio Alberto Sanchíz.

Autor: Julio Alberto Sanchíz (1900-1960 ).
Nació en Torrentes en 1900 y murió en México en 1960. Fue periodista, escritor, pianista e investigador científico. A Julio Alberto Sanchíz se le debe una recuperación formidable del romanticismo aun cuando las vanguardias artísticas como el surrealismo estaban de moda. Fue en 1918 que llegó a México y pudo notar los estragos de una revolución que llamaba él “inconclusa pero grave”. Convivió poco con los estridentistas y con los contemporáneos llevó una relación más bien a distancia, pero finalmente “azarosa y gustosa”. Los libros “Cláusulas de amor atemporal” y “Poemas y plegarias de agua” son probablemente los más leídos entre la sociedad de Torrentes debido a la dulzura y al romanticismo desbordado. Conoció a Ana Valentina en 1915 y tras la estadía mexicana su relación se volvió mucho más epistolar que personal. Ana Valentina se suicidó en Parque Torrentes a la edad de veinticuatro años, dos días después de haber sido enviada la carta que aquí se presenta. Obviamente estas líneas nunca las leyó Ana Valentina. Sanchíz permaneció con el famoso”luto vivo” hasta sus últimos días. De 1950 a 1960 se dedicó a viajar por todo el territorio mexicano. Murió en Guadalajara de enfisema pulmonar debido a su afición al tabaco. Las cartas de Julio Alberto Sanchíz fueron recuperadas por el grupo de Los Fracasantes y por la Real Universidad de Torrentes. La interpretación que aquí se presenta del Waltz Op.69 No.1 de Chopin, mejor conocido como el Vals del “adiós”, es del propio Julio Alberto Sanchíz la cual se grabó en vivo durante su última visita a Torrentes, en 1948, para el programa radiofónico cultural “Conversaciones”.

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