EL NINJA

Ella lo observa sorprendida. No puede creerlo. No puede creer que él esté ahí sentado bebiendo un café con leche y leyendo un libro de superación personal. Lee el título: Cree en ti o mátate. No alcanza a leer quién es el autor pero ella suspira, suspira demasiado profundo, las piernas le tiemblan, el cuerpo le tiembla y quiere llorar como cuando ella tenía catorce años y lo veía a él aparecer en televisión, lo veía luchar contra seres de otro planeta, vestido como ninja del futuro, luciendo sin el traje una larga cabellera marrón y un porte latino envidiable. Ella lo amaba, ella decía que iba a ser todo lo posible por conocerlo, por casarse con él, por hacer una vida con él. Ella tiembla pero no tiene catorce años, tiene ahora treinta y cinco y él, según ella y sus cálculos, tiene unos cuarenta y ocho, tal vez. Pero él ya no tiene ni la larga cabellera ni el porte latino. Ahora tiene una pequeña panza, la larga cabellera ahora pasó a ser una especie de casquete corto, su mirada carece de seguridad, tiembla de la mano izquierda y de vez en cuando tose debido al cigarro. Pero ella lo ve y tiembla, ¿es él? le pregunta a su compañera que está por servir un par de cafés, sí, es él, y ella se muerde la mano impidiendo gritar. Cálmate, ya está acabado, le dice la compañera. Fue mi amor adolescente, dice ella. Hace ya unos años, querida, hace muchos años, le contesta la compañera.

Sin pensarlo le pide a su otra compañera, a la mesera que lo está atendiendo, cambiar el servicio. Déjame atenderlo, le pide ella, te cubro un turno o te doy las propinas de un día. De dos días, le dice la otra compañera. Perfecto, le contesta ella. Así, ella temblando se aproxima a él, ¿todo bien con su servicio? le dice titubeando y él voltea a verla y ve que la emoción es imposible de ocultar y recuerda él aquellos años cuando era un ídolo adolescente, cuando no solamente era un ninja del futuro sino que también prometía ser el galán cinematográfico más asediado, millonario, reconocido y galardonado de la década. Recordó las miradas no únicamente de las adolescentes sino también de actrices mayores, de cantantes, recordó los celos de sus colegas actores y cómo olvidar las firmas de autógrafos donde le pedían su garabato en papeles, en sostenes, en los senos. Recordó verse como juguete de acción, también como rompecabezas, también recordó ver su imagen en loncheras, en vasos para refresco, en playeras y pijamas, en colchas y hasta en ropa interior. ¿Cuánto tiempo había pasado sin que una mirada le hiciera volver a todas esas memorias? Y ella ahí estaba, enfrente de él ¿todo bien con su servicio? le pregunta y él le dice que sí, que todo está muy bien y ella cree preguntar pero afirma, eres tú, dice, después se corrige, ¿eres tú? y él sonríe y le dice, poéticamente, soy lo que queda.

Pidió después unos molletes y luego de comerlos se quedó únicamente observando a través de la ventana a la gente que pasaba. Ella se acercaba constantemente a servirle más café, a retirarle la cuchara sucia, a cambiarle las bolsitas de azúcar y él le sonreía, a veces hacía comentarios, a veces preguntaba. Ella le sonreía, le sonreía siempre y él cada vez que miraba hacia la ventana parecía observar el vacío, su vacío. Cuando ella le entregó la cuenta él buscó en su cartera el único billete que llevaba. Ha sido un placer, le dijo, quédate con el cambio y ella le agradeció y le pidió tomarse una foto con él, también un autógrafo en una servilleta. Sí, está bien y minutos después otra compañera mesera le hizo el favor a ella de tomarles una foto con el celular. Listo, dijo él, gracias, dijo ella.

Lo vio salir y recordó aquella vez cuando tenía veinte años que transmitieron el último capítulo del programa. Él, ya mucho mayor, había terminado con las fuerzas del mal sacrificándose y al final únicamente quedó, en el suelo, el traje de ninja del futuro. Había paz en el mundo, sí, pero sin él. Ella estudiaba en la universidad cuando vio el episodio y decidió no ir durante una semana ya que quería guardarle luto a su ídolo adolescente. Con el internet pudo descargar más fotos de él y supo, con el tiempo, que había subido de peso, que tuvo problemas de alcoholismo, que dejó plantados a varios productores de televisión, que del cine nunca lo llamaron, que apareció en unos cuantos comerciales, uno de pasta dental y otro de cereales pero después de eso no hubo gran cosa hasta que desapareció totalmente, como si la tierra se lo hubiera tragado. Y así, también ella, lo fue olvidando. Terminó la universidad, se casó, tuvo un hijo que quería tocar la guitarra y al ver las nulas oportunidades profesionales entró de mesera en un consorcio restaurantero y le ha ido, según lo que parece, mucho mejor de lo que se pudiera creer.

Él, al salir, se dirigió al departamento, en el camino fumó unos tres cigarros, también alcanzó a acariciar un gato que, curioso, se dejó tocar. Ya en el departamento corrió las cortinas y abrió las ventanas, después encendió el televisor y encontró el canal de siempre, el canal de música. Pensó en ella, en la mesera, y pensó en aquella mirada que le hizo recordar todas las miradas que se posaron en él años atrás cuando era el ídolo adolescente del momento. También recordó a su ex mujer y a sus dos hijos y casi sin pensarlo tomó el teléfono y al contestar su ex esposa él sólo dijo perdóname por todo el daño que te provoqué. Ella se quedó en silencio y pocos segundos pasaron para que ella dijera que estaba esperando eso, una llamada sincera, nada más. Al colgar se preparó una ensalada y mientras el canal de música transmitía los hits de aquella época en la que él había sido el ídolo adolescente, él recordó los excesos, los días eternos sumido en el alcohol, las llegadas tardías al foro, el día en el que le dijeron que su personaje tenía que morir porque ya no lo aguantaban en el programa, recordó el despilfarro de dinero, los fraudes que le hicieron incluso amigos, las bromas que le hicieron en las grabaciones de los comerciales, también recordó aquél programa que tenía como nombre Qué fue de ellos y su vida pasó en el episodio dos donde, en resumidas cuentas, dijeron que él había sido el culpable inmediato de su fracaso. Para cuando terminó la ensalada notó que ya no tenía apetito y se fue al cuarto. Se acostó en la cama unos minutos y después se incorporó y abrió el armario. Ahí seguía colgado el traje de ninja del futuro e intentó ponérselo. Obviamente era imposible vestirse con él por lo que decidió únicamente colocarse la máscara. Se vio en el espejo y volvió a ver el foro, a las fans, los correos electrónicos, a su familia, las cámaras de televisión, el futuro que nunca pudo tocar. Comenzó a llorar y la máscara se humedeció de tal forma que se le pegó totalmente al rostro. Intentó quitársela y la máscara lo apretó hasta incrustársele totalmente en las fosas nasales. Y así comenzó la asfixia, el ahogo, los pataleos en el suelo, la lucha contra el rostro del ninja del futuro o la lucha contra el futuro. No pasó mucho tiempo para morir pero sí pasaron muchos días para que alguien diera el aviso de que estaba muerto. No se sabe bien cómo lo encontraron ni quién lo encontró. Dicen que fue un bombero pero otros dicen que fue un instalador de servicio de televisión por cable. Pero en lo que sí coinciden es que el hombre estaba en el suelo semidesnudo, con el rostro hacia el techo y la máscara de ninja del futuro a unos cuántos metros lejos de él.

Ella se enteró de la muerte de él y dejó de ir a trabajar durante una semana ya que quería guardarle luto a su ídolo adolescente.

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